CAMBIAR, ADAPTARSE Y TRANSFORMARSE, (LA BENDITA PRIMAVERA)

CAMBIAR, ADAPTARSE Y TRANSFORMARSE, (LA BENDITA PRIMAVERA)

Hay fuerzas en el Universo que van en direcciones aparentemente contrarias, la Inercia, que es la tendencia de las cosas a permanecer en el estado en el que están, y la entropía, que es el nivel creciente de caos que existe en cada sistema y que los lleva a colapsar. Si bien es cierto que las cosas tienden a llegar a puntos de equilibrio y a permanecer por mucho tiempo, todo, absolutamente todo, colapsará para que un nuevo orden surja del anterior.

Así, las sociedades cambian, si no, seríamos tribus cazadoras-recolectoras dispersas por el mundo; las ideas cambian, si no, quizá no hubiéramos salido de la Edad Media; la sexualidad cambia, y curiosamente era más libre en tiempos antiguos que en muchas partes y sectores del mundo moderno. Nosotros también tenemos derecho a cambiar.

Hay un mito hermoso que viene de la Grecia Clásica en la que el cambio de estaciones viene de la unión de Perséfone, una diosa de la vida, con Hades, el señor del Inframundo. Todo funciona junto, todo tiene ciclos, todos nos podemos transformar, y debemos hacerlo, si es que así alcanzamos nuestra felicidad.

Sí, en el mundo hay inercias, hay ideas preconcebidas de lo que “debe” ser, y aunque el bien existe y, de manera objetiva, es fácil de establecer que se basa en no dañar a nadie y procurar la seguridad, la vida, el bienestar y la felicidad de todos, hay muchas inercias en códigos morales, religiosos y jurídicos alrededor del mundo que limitan la libertad individual de muchos sectores de la población. Es tiempo de que eso termine.

Nos hace falta una primavera, una primavera cultural, en la que florezcan, a partir de la solidaridad, el entendimiento, la comprensión y la hermandad nuevas formas de relacionarnos, con más cariño y menos juicios y condenas, con menos miedos irracionales, con más amor y más respeto.

A lo largo de la historia, muchas personas, de hecho, casi todas, han sido discriminadas por una u otra cuestión: raza, color, idioma, sexo-género, prácticas sexuales, religión o todas las anteriores.

Al día de hoy, sigue habiendo países donde las mujeres no pueden estudiar ni ser autosuficientes; sigue habiendo lugares donde ser parte de una minoría sexual es castigable con pena de muerte; sigue habiendo lugares donde los pueblos originarios son marginados y excluidos… Muchas personas me van a decir que estoy revolviendo cosas distintas, y que la lucha por el reconocimiento de los pueblos indígenas y la agenda LGBT son cosas muy distintas, pero no, todo parte de lo mismo.

Una forma de discriminación que sea tolerada, valida a todas las demás.

Necesitamos una primavera donde todas las luchas se unan, donde todas las voces se escuchen, donde todas y todos seamos representados y empecemos a trabajar todas con todos en la construcción de una sociedad donde cada uno tenga su lugar y pueda ser libre de vivir como elija, dentro de un marco de respeto, inclusión y equidad. Hay luchas más urgentes que otras, hay luchas que afectan a más personas que otras, pero TODAS son importantes porque TODOS debemos acceder a los mismos derechos y al mismo respeto como seres humanos.

Suena a algo muy lejano, a una utopía, a algo muy New Age, pero no, no es lejano ni moderno, es lo que muchos filósofos y humanistas han propuesto desde hace siglos y milenios, y quizá, por fin, estemos tan conectados, tan informados, tan educados como para intentarlo una vez más y en serio; para hacerlo con toda seriedad y deshacernos de las inercias que nos alejan, separan y nos “enemistan”.

Nada funciona para siempre, y seguimos abrazando sistemas de valores anticuados que ya no funcionan; todo cambia, y con un poco de conocimiento y mucha buena voluntad, las cosas tienden a cambiar para bien. En el pasado, cuando dos sociedades distintas se encontraban, lo que había primero era guerra. Ya no más.

Cooperación, coordinación, sana competencia, respeto a la soberanía ajena y búsqueda de la propagación y extensión de un cuerpo cada vez más incluyente de derechos humanos y garantías individuales en el mundo. ¿Es demasiado lo que le pido a esta primavera? ¿A todas las primaveras?

No, no es demasiado, es lo mínimo.

Artemis Switch

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