DRAG (DRess as A Girl), ¿Qué es eso?

DRAG (DRess as A Girl), ¿Qué es eso?

Bien, esto es tema mío, por lo que retomo la pluma. Su amiga, la Princesa Judith, les puede hablar de lo complicado, lo divertido, lo bueno y lo malo de la práctica travesti, porque es una de las primeras manifestaciones de una identidad Trans, o de una actitud Queer, o de una orientación Gay, o hasta de un juego erótico que a veces tienen hombres heterosexuales, pero no heteronormados.

¿Todas las personas que se visten del sexo opuesto son Gay, Trans, Queer u homosexuales? En corto, la respuesta es NO. Claro, es lo más común, pero como hemos venido repitiendo desde el día uno Artemis y yo, en esto se trata de decir lo que es más común, porque normal, o no es nada, o lo es todo.

Existe una mística, un encanto, una fascinación por lo que podemos llamar “el espectro femenino”. Las representaciones de lo masculino y lo femenino son manifestaciones culturales fluidas a lo largo de los siglos y de las naciones. Pero de manera más o menos constante, lo que se asocia culturalmente a “lo femenino”, que es distinto a lo que son “las mujeres” en lo general, y sobre todo, en lo particular, tiende a hacer énfasis en lo bello, en lo delicado, en lo artificioso, al contrario de “lo masculino”, que tiende a ser simple, práctico, rudo y tosco.

La fascinación por lo femenino es, estadísticamente, más fuerte que la fascinación por lo masculino, y para darnos cuenta de que eso es verdad, basta ver la desproporción que hay en tiendas de ropa exclusiva para mujeres y para hombres, al igual que la desproporción entre artículos de limpieza, belleza y accesorios en los anaqueles de cualquier tienda departamental, desde el populachero Soriana hasta el super fancy Palacio de Hierro. Simplemente no hay punto de comparación.

Toda chica, Cis o Trans, tiene todo un arsenal de tratamientos, prendas, accesorios y cosméticos que nos ayudan a resaltar un ideal de feminidad. De la misma manera, algunos hombres Gay, Queer y Travestis de cualquier orientación, los usan, de manera regular u ocasional, por el puro gusto de hacerlo. El gusto por adoptar una imagen femenina o feminizada es mucho más diverso de lo que la gente está dispuesta a admitir, ya no digamos discutir.

Y como se trata de una forma de expresión, esa expresión puede manifestarse como una forma de arte; como una presencia escénica; como una estética propia que es capaz de convertirse, a su vez, en un espectáculo completo. En muchos bares y centros nocturnos hay shows completos que llevan esta práctica hasta extremos estéticos increíbles, donde la comunidad DRAG hace homenaje a las figuras femeninas que más los representan, con quienes más se identifican, con quienes representan, a lo que ellos aspiran (Rocio Durcal, Lady Gaga, Tina Turner, Santa Madonna).

Hay de todo en esta práctica, desde espectáculos para televisión, como las chorrocientas temporadas del reality-concurso de RuPaul, donde la estética es extrema, exagerada y de fantasía, hasta concursos de maquillaje donde se trata de verse lo más naturalmente parecido a una celebridad o a tu propia versión feminizada. Existe esto como un espectáculo de masas, de lugares pequeños, o práctica en lo privado con sólo tu pareja de espectador. 

Existen celebridades de fama nacional o internacional (recuerdo cuando Francis era la figura más importante del movimiento en México) y existen incluso DRAG Kings (donde el acrónimo DRAG no funciona del todo, pero se trata de hablar de la práctica de caracterizarse del sexo opuesto, y DRAB o DRAM no suenan tan bien), donde chicas Les, Trans o Queer se caracterizan de figuras masculinas, pero de esos que hable Artemis; además, como ya se ha dicho, la fascinación por lo masculino no es tan fuerte como la que hay hacia lo femenino, y pues, esa práctica no es tan común y, sobre todo, no es tan espectacular.

El punto es que la práctica se está normalizando. Antes, cualquier persona que practicara simplemente el travestismo, ya no digamos el DRAG más escénico, era considerada como una persona “degenerada” o “abarrante”. Poco a poco, esta forma de expresión del género y del sentimiento artístico de las personas se va naturalizando. Por supuesto, estamos lejísimos de que sea algo que no conlleve riesgos a perder estatus social, que esté libre de prejuicios, descalificaciones o agresiones, pero poco a poco vamos andando.

En lo personal, una de las primeras manifestaciones de mi identidad Trans pasó por el travestismo; yo ya no me considero como alguien que se vista como una chica, yo soy una chica, una chica Trans, y por ello, no estoy dentro de la cultura DRAG (aunque me hubiera encantado tener la presencia y la voz para intentarlo), pero reconozco al DRAG como lo que es: UNA FORMA DE ARTE que parte de una expresión de género legítima, valiosa y maravillosa.

Amores, a aprender a caminar con taconzotes y plataformas, si eso es lo que les gusta. No se acomplejen y usen todos los coloretes, plumas y lentejuelas que se les antoje, que para eso somos libres. Su amiga:

La Princesa Judith.

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