EL ESPECTRO FEMENINO

EL ESPECTRO FEMENINO

Bien, este es un tema que traigo atorado desde el día uno de mi comisión en este blog. No voy a irme tan arriba como a citar todo El Segundo Género de Simone de Beauvoir, pero sí quiero decir que en el espectro femenino hay muchas cosas que no digo que deban de desaparecer, pero sí matizar, y mucho.

Sí, la feminidad existe, y sí, me encanta (no en mí, pero sí en otras), pero no debe ser una camisa de fuerza, no debe lastimar, limitar, poner en peligro a ninguna mujer.

Sí, lo tacones son geniales, y a muchas les encanta usarlos, pero no deben ser parte de un uniforme reglamentario, porque hay mujeres con problemas de espalda; porque en muchos espacios no seguros limitan la movilidad de quien los usa y hacen más fácil una agresión; porque son fundamentalmente incómodos después de un rato y no es lo mismo un código de vestimenta que incluya una corbata que los tacones, porque usar corbata no duele después de 8 horas.

Sí, el maquillaje es una gran herramienta para dar una mejor imagen de quien lo use; si corrige detallitos en el rostro, sirve para levantar autoestima; pero debe ser una herramienta de empoderamiento y autoafirmación, no un requisito para salir a ningún lado ni estar ahí. Quien nos quiera nos va a ver en algún momento recién levantado, o saliendo de nadar (o mejor, se va a meter a la ducha con nosotros). El maquillaje ni es exclusivo para las mujeres, ni es una obligación.

Sí, hay actitudes que son es-ta-dís-ti-ca-men-te más comunes en hombres y mujeres, pero estos datos numéricos, estas tendencias, no deben limitar el libre desarrollo de la personalidad de persona alguna. 

El Tae-Kwan-Do le ha dado muchas medallas a México, aunque muchas niñas no puedan tomar clases de eso porque “no es femenino”. Carnales, si una mujer se dedica a eso, o a levantar pesas, o a pista y campo, les juro que no dejan de ser mujeres. 

Un atleta profesional es un atleta profesional y debe verse como un atleta profesional, y sus actitudes, orientaciones o prácticas pueden ser tan distintas o tan promedio como ellos y ellas quieran.

Yo siempre quise entrar en el emparrillado a grado competitivo, pero cuando ya pude tomar mis decisiones completamente, y ponerme en la forma adecuada, ya se me había ido el tren (Green Bay Forever). 

No estamos en tiempo como para desperdiciar talentos de hombres y mujeres sólo porque hay estereotipos. ¿De verdad estamos en condiciones, en esta pandemia, de querer “esposas de doctores” en lugar de doctoras? ¿De verdad podemos darnos el lujo de que la percepción social nos haga perder la ayuda de un enfermero?

La feminidad me gusta, cuando es opción para quien la ejerce y se expresa a través de ella… Y la masculinidad también. 

Y lo he dicho muchas veces, los géneros son una construcción social basada en comportamientos estadísticos basados en conductas aprendidas y perpetuadas por la cultura, pero los números son abstractos y las personas son concretas, y no somos formularios tachando cuadritos para encajar en algún lugar. Lo que se me antoja mañana, puede que no se me antoje pasado, y definitivamente no era lo que me decían que me debía gustar cuando tenía ocho años.

Quiero que la persona que esté conmigo sepa que la adoro sea como sea y esté como esté (aunque está muy chido compartir gustitos y cumplirse caprichitos uno al otro, pero eso es intimidad). 

Quiero acercarme a mi ideal estético PARA MÍ, porque A MÍ me gusta verME, vestirME y sentirME como ME da la gana. Salvo por temas específicos de salud y de higiene (que son objetivos), que cada quien haga con SU cuerpo, SU ropa y SUS actitudes lo que le dé la gana.

Las mujeres tienen mucho que decir al respecto, porque aunque los hombres también sufren de una gran presión social para comportarse dentro de un espectro que privilegia la competencia, la agresión como una respuesta ineludible, y el valor por encima del sentido común, esa presión para “ser femenina” es distinta con las mujeres, que la interiorizan más y la reflexionan menos. No lo digo yo, lo dice la ciencia… 

Si hay comentarios, le echamos números a este tema (porque aparte, los números y las máquinas son lo mío, aunque cuando crecía, me decían que “no eran cosas femeninas”). 

Vivamos más y juzguemos menos. Y sí, cada quien debe ser libre de llegar a ser tan chingón o chingona como pueda en lo que sea que se quiera dedicar; y si hay una chica chaparrita y regordeta que quiere ser gimnasta, calladitos y calladitas, porque al rato regresa con medalla de oro en el Mundial de Gimnasia de Tokio, y la loca no era ella por intentarlo, el maldito o maldita eras tú por criticarla.

Artemis Switch.

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