HOLLYWOOD NO SIEMPRE HA SIDO PROGRE

HOLLYWOOD NO SIEMPRE HA SIDO PROGRE

Hace rato que no hablamos de la representación, esa “pequeñez” que a veces nos hace arquear la ceja y torcer la boca. Hollywood no siempre ha sido progre, ni aliado, y por eso, muchas películas han envejecido muy mal. 

Recordemos, por ejemplo, que muchos grandes actores tuvieron que esconder, hasta el final de sus días, su orientación, como fue el caso del gran Rock Hudson, a quien su estudio le “pidió” que “fuera discreto”. Toda la fama del mundo no basta para ser feliz si no puedes ser quien eres.

Entre las películas que no pasan la prueba del tiempo, pienso en el hit de Michael Bay, “The Rock” (la película, no el actor), que usa el recurso barato de representar a un estilista como amanerado y cobarde, gimiendo de miedo acurrucado en un ascensor mientras los machazos de Sean Connery y Nicholas Cage inician una persecución hiper destructiva por las calles de San Francisco, y cuya única preocupación en ese momento era si a Sean Connery le había gustado el corte de pelo que le había hecho. ¿Así o más ofensivo?

No fue hasta muy a finales del siglo pasado en que hubo representaciones más honestas y complejas sobre la diversidad. Pienso en el director Ang Lee, quien, como persona de la comunidad, ha hecho mucho por lograr el cambio, desde su película de 1993, “El banquete de bodas”, en la que retrata un matrimonio acordado, en la que el novio tenía novio, y hacen de todo los novios (ella lo sabe y está de acuerdo) para que nadie se entere, cuando en realidad, todos sabían y fingían. 

Ya en el 2005, su excelente film “Secreto en la montaña” le daría el reconocimiento que se merecía, retratando el amor “prohibido” entre dos muy masculinos vaqueros. También recomiendo “Taking Woodstock”, del 2009, que relata no sólo cómo se gestó el legendario festival de música de 1969, sino la salida del closet de su organizador.

Quiero hacer patente la diferencia de enfoques, la diferencia de lo que se puede hacer si hay respeto y conocimiento de causa, la diferencia entre meter un estereotipo para causar un efecto “cómico” (a mí nunca me dan risa”, y escribir a un personaje completo, que sirve a la trama, o que sea la trama.

Rebel Wilson hace un comentario en “No es romántico”, película en la cual sueña una realidad que funciona bajo las reglas de las comedias románticas más cursis, al ver que en esa realidad su mejor amigo es un hombre excesivamente amanerado con maestría en maquillaje, moda y accesorios, que realmente vive para asistirla, como si viviera su propia historia de amor a través de ella. El personaje llega a decir “esto es un retroceso de 30 años en la lucha por los derechos LGBT”.

Quizá el más grande parteaguas fue “Philadelphia”, dirigida por Jonathan Demme en 1993, porque trata de un asunto que era vital y que sigue siendo importante para la comunidad Gay (y para todos los pacientes del mundo): la discriminación hacia los enfermos de SIDA. La película muestra cómo el personaje de Denzel Washington debe desprogramarse de todos sus prejuicios para buscar lo más simple e importante que hay para que el mundo funcione: La Justicia.

Otra película que muestra cómo se desprograma un macho misógino y heteronormado es “¿Mejor?, imposible”, con Jack Nicholson haciendo su mejor papel como un sujeto prepotente, maniático y odioso, trabando amistad con su vecino pintor y gay, interpretado por Greg Kinnea; en un momento, cuando el personaje de Jack cree que ha perdido su oportunidad de tener una relación, su nuevo amigo y roomie le dice que por lo menos lo tiene a él, y el personaje de Jack, ya deconstruido, le dice sinceramente: “Si yo fuera otro tipo de hombre, eso sería suficiente para mí”.

Muchas y muchas películas servirían para hablar de los cambios de perspectivas, enfoques y temáticas que ha habido en el cine con respecto a las personas Gay, Lésbicas, Queers y Trans. Prometo un post exclusivo para las representaciones Trans muy pronto, pero por el momento me alegra decir que por fin tuvimos una película de un romance adolescente Gay que fue un éxito en taquilla y crítica, y que se integró a la cultura popular: “Love, Simon”. Ya no más películas independientes de culto (como la versión original francesa de “La jaula de las locas” o la transgresora película australiana “Priscila, la reina del desierto”).

“Love, Simon” no es perfecta, pero estuvo ahí, en los circuitos comerciales de casi todo el mundo, salvo en los países más homofóbicos. Eso es un gran paso hacia adelante, pero hay que mantenerlo, porque en un descuido, naciones como Turquía o Rusia, pueden contagiar a otros y hacernos retroceder.

Sigamos trabajando para que nadie tenga que esconderse como el gran Rock Hudson, y para no volver a ser un “detalle chusco” en medio de una escena de acción; es más, en algún momento, debemos proponer héroes de acción sexualmente diversos (hasta el James Bond de Daniel Craig sacó el comentario al personaje de Benicio del Toro de que no estuviera tan seguro de que su beso era el primero que tenía con un hombre), porque bien se puede salvar al mundo con una bandera de arcoíris en la mano.

Artemis Switch.

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