NI QUE FUERA COVID (ESTO NO SE CONTAGIA)

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Empezando desde el principio; a pesar de que la conducta humana ha sido estudiada desde mil puntos de vista a lo largo de toda la historia, el rigor científico es muy nuevo, no junta ni trescientos años; antes de eso, se hacían estudios sin comprobación, juicios sin experimentación y se proponían teorías por ocurrencia o por “estar de acuerdo a los evangelios”. Así las cosas, muchos hombres sabios cometieron grandes errores porque el MÉTODO no se había inventado, y dijeron cosas como que necesariamente la Tierra debía ser el centro del Universo, y que su edad se podía conocer sumando las genealogías del Viejo Testamento. Así de científica la cosa.

La Psicología es más joven todavía, y la Psiquiatría, ni se diga. Son ciencias prácticamente adolescentes, y muchos de sus primeros juicios, teorías y postulados estuvieron influenciados por pensamientos no científicos de la misma manera en que los químicos modernos partieron de lo que hacían, “a ojo de buen cubero”, los alquimistas.

Así que, uno de los primeros documentos canónicos y dogmáticos de la Psicología y la Psiquiatría es el Manual diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, conocido como el DSM, por sus siglas en inglés.

Las primeras versiones de tan importante documento, que viene de 1952 y es guía para la praxis de los profesionales acreditados y reconocidos, tenían, como es natural, muchas fallas, y esas fallas se han ido corrigiendo a lo largo del tiempo. Como se ha dicho, muchas de las primeras definiciones de “trastornos” y “neurosis” eran tendenciosos, prejuiciosos e inexactos, hechos sin rigor, como por ejemplo, al diagnosticar la “histeria femenina”, o al tratar casos clínicos de depresión como “tendencias al temperamento melancólico”, que son, respectivamente, pensamiento patriarcal institucionalizado y minimización de un problema real de neurotransmisores. Esas dos cosas ya salieron hace mucho del DSM.

Hubo DSM-II en el 68, DSM-III en el 80 y el cuarto para el 87, donde progresivamente le fueron bajando a la homofobia, hasta que por fin, en la versión V, ¡DEL 2013!, ya se excluyó por fin del catálogo de trastornos mentales.

Afortunadamente, la Asociación Psiquiátrica Americana no es la única autoridad en la materia, y la mucha más sensata Organización Mundial de la Salud, el día 17 de mayo de 1990, retiró a la homosexualidad de la lista de enfermedales mentales, y pues, que ya no te digan enfermo en la cara, con un manual de 800 páginas en la mano, y que te digan que todos tus sentimientos son un trastorno, pues es algo medio pinche de celebrar, pero lo celebramos porque nos ha quitado una gran piedra de encima.

Este día 17 de mayo, por trigésima primera vez, celebraremos el Día Internacional contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia. La organización en materia de salud más autorizada e importante del mundo, donde concurren más, y más importante, los mejores doctores en el mundo, tarde, pero por fin ha dicho que esto no es una enfermedad, y más importante, que nunca lo fue.

Esta fecha, como todas las conmemoraciones desde el año pasado, la celebraremos en casa, con sana distancia, porque ahora sí hay una enfermedad que sí se pega, pero nosotros podemos armar fiestas de una sola persona, o de a dos.

Entre las muchas cosas pendientes, que hay que aprovechar este momento de unión y reflexión del 17 de mayo, es la lucha contra las más llamadas “curas” a la conducta homosexual, las “terapias de conversión” no son otra cosa que conductismo operante, tortura física y psicológica, adoctrinamiento forzado e imposición de dogmas religiosos. No, no es posible que esto se siga permitiendo. Si muchos miembros de la comunidad LGBT tienen o tenemos trastornos, no es por ser LGBT, sino como consecuencia del rechazo irracional, del acoso escolar y laboral y de la violencia simbólica de muchos sectores sociales en contra nuestra.

Literal, ¿cómo chingados se los hacemos ver más claro? La OMS dice que no estamos enfermos, la OMS… Pero bueno, ¿que le podemos pedir a personas que, a la vez que afirman que los LGBT somos enfermos, rechazan las vacunas?

Miren, dan ganas de darles lecciones intensivas de historia, ciencia, matemáticas, estadísticas y todo lo demás… Pero quien cierra los ojos a la ciencia, pues ni como ayudarle… Si bastante hemos tenido que pasar desde los primeros escritos de Freud y Jung hasta el DSM-V para que la ciencia nos empezara a estudiar y reconocer con objetividad y con respeto… Hace falta mucho, y hay que aceptar eso y afrontarlo con valor. Debemos estar unidos y unidas, cuidarnos entre todos y todas, y recordar que por cada paso que demos al frente, en un descuido, nos pueden empujar de vuelta para atrás.

Artemis Switch.

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