14 DE FEBRERO, SAN VALENTÍN, SAN SEBASTIÁN, SANTO AMOR

14 DE FEBRERO, SAN VALENTÍN, SAN SEBASTIÁN, SANTO AMOR

Se aproxima la fecha y cada quien la vive y celebra como puede. La fecha es un pretexto para planear y tener un momento especial con la persona que amas, o con la que quieres ligar. Es un cliché, es un activador económico, es todo lo que gusten y manden, pero una ocasión para dedicarte a hacer feliz a quien te quiere, y dejarte consentir por quien quieres, es algo bueno.

Lo malo es que hay personas que no pueden ejercer su derecho a celebrar su amor en cualquier lugar, y claro que me dirán que “hay como veinte antros gay en el centro”, lo cual es cierto, pero muchos no se prestan para una cena tranquila y romántica, y los miembros de la comunidad somos tantos, que esos veinte antros, la mayoría de punchis, punchis, no alcanzan a cubrir la demanda ni las necesidades de tod@s.

No podemos preguntarle a San Valentín si también hubiera celebrado bodas clandestinas para aquellos que aman a las personas de su mismo sexo, a las que se aman a pesar del género que asuman o la sexualidad que practiquen. El santo sufrió martirio y muerte por celebrar bodas clandestinas para los soldados que, por orden de un emperador, debían ser solteros, porque su única lealtad debía ser con el Imperio Romano.

Lo cierto es que el amor ha tenido que defenderse siempre de otros intereses. Hemos pasado ya casi completamente en el mundo occidental u occidentalizado de los matrimonios arreglados o por conveniencia, al amor romántico, consensual, al margen de distinciones de clase y de etnia o prácticas religiosas. Que el matrimonio sea ahora un contrato civil, al alcance de la comunidad en más de la mitad del país, es un logro mayúsculo, y este año vamos por el resto.

El caso es que hay lugares que nos gustan, o a los que les tenemos ganas, o que tienen un significado especial para nosotros, y no podemos tener una cita tranquila ahí. El hecho de que no puedas tomar a tu pareja por el hombro o la cintura, o darle un inocente besito en los labios, un “kiko” juguetón, nos sigue pareciendo algo injusto, cuando todas las demás parejas heterosexuales cis del mundo sí pueden hacerlo, al menos en el mundo occidentalizado que ha normalizado las demostraciones públicas de afecto.

Ocurre en muchos lados. Recientemente, un caso de discriminación institucional ocurrió en Six Flags México, lo que motivó un “besatón” en sus inmediaciones. Los argumentos pueden discutirse mucho, que si “es un lugar al que van los niños”, “está hecho para familias”, “nos reservamos el derecho de admisión”, pero disculpen, a menos que haya un reglamento que prohíba específicamente todas las muestras de afecto entre parejas en el parque, y esté impreso en letras grandes en la entrada y en el boleto de admisión, yo doy por hecho que todo aquello que no esté específicamente prohibido, está permitido, como corresponde a cualquier país civilizado.

Si un lugar público tuviera impresa esta política, específicamente aplicable a la comunidad LGBTTTIAQ+, con todas sus letras, se expondría a una sanción o recibiría un extrañamiento del CONAPRED (Consejo nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación), que es lo que les impide hacer pública su discriminación de facto. Lo que no les impide es practicar la discriminación apelando a algo tan ambiguo y blando como “la moral pública”.

La comunidad, desde tiempos históricos, ha encontrado maneras de hacerse de símbolos, referentes y lugares. Cuando en Europa se prohibió pintar cuerpos desnudos, los pintores con inclinaciones homoeróticas empezaron a pintar muchas representaciones del martirio de San Sebastián, porque no podían los censores oponerse a eso, y les daba pretexto de pintarlo desnudo, como ocurrió su martirio, atado a un árbol, recibiendo flechazos (y la flecha siempre será un símbolo fálico) y con un gesto de éxtasis. Lo mismo ocurrió con los rostros de éxtasis místico de Santa Teresa, que bien podrían también representar un sabrosísimo orgasmo.

Como ciudadanos, tenemos derechos; como consumidores, tenemos derechos, y como enamorados que no hacen nada malo, queremos abrazar y demostrar nuestro afecto en cada lugar al que tengamos acceso y donde estemos pagando un servicio con nuestro dinero. No creo que eso sea muy complicado de entender y respetar.

Ahora, si me permiten, voy a ponerme mi mejor traje y voy a pasar por mi novia para llevarla a cenar a donde ella pidió, y espero que todo salga bien, con champagne, rosas, fondue de chocolate y beso a la salida. Les deseo el mejor San Valentín a todos, a todas, en cualquier color del espectro del arcoíris.

ARTEMIS SWITCH.

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