17 DE MAYO, DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA HOMOFOBIA Y LA TRANSFOBIA

17 DE MAYO, DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA HOMOFOBIA Y LA TRANSFOBIA

Hola, encantos, feliz de estar con ustedes. Hay fechas que llegan y sirven para ponernos a pensar en lo mejor y en lo peor que nos ha pasado, en la vida, en el año, en los últimos tiempos, y ese día es hoy, con todo lo que podemos contar desde nuestra frontera y desde nuestra vida.

Sí, cada vez estamos más cerca de poder ser ciudadanos con igualdad de derechos. El Matrimonio Igualitario existe en todo el país, menos ocho estados (increíblemente Veracruz está en esa lista, con todo y carnaval); ya van tres donde el cambio de identidad civil ya es una realidad que se puede tramitar sin amparo y ya tenemos hasta una senadora Trans; ya está por aprobarse una ley sobre infancias Trans y eso nos hace felices, pero falta muuuucho por hacer.

¿Qué falta por hacer? Casi nada y casi todo, porque lo que la ley no puede hacer es que las personas quieran seguirla, no por ser ley, sino por ser justa, sino por ser la más elemental cortesía que un/a ciudadano/a le deba a otr@ porque tod@s somos iguales, independientemente de la ley, pero apoyad@s y reconocid@s en la ley.

Yo nací con el cuerpo de un hombre, y me dieron un nombre acorde a mi sexo, y me dieron una educación de acuerdo a la versión dicotómica de que sólo había dos géneros. Eso no funcionó para mí. Yo sentía otra cosa, me expresaba de otro modo, tenía otras inclinaciones sexo-afectivas y me identifiqué dentro un espectro femenino. Yo decidí que quería vivir como mujer, y desde hace mucho, lo hago.

Esto no es para todos, ni va a ser epidémico. Es un camino largo, difícil, que sólo quien está segur@ de querer atravesarlo por completo, lo hace. Cuesta esfuerzo, dinero, disciplina, convicción y una claridad absoluta sobre la imagen propia que, de verdad, si ves a alguien que se ha aventado todo lo que esto implica, deberías valorar y reconocer ese esfuerzo, estés o no estés de acuerdo con que existamos personas que han decidido cambiar su identidad y expresión de género, nada más por el tamaño de la chinga que implica todo el proceso.

Somos más de 7 mil millones de personas en el mundo, y debemos aprender a vivir todos juntos, a respetarnos unos a todos, convivir para resolver las cuestiones de nuestra propia sobrevivencia, enfrentarnos a las crisis del agua, el colapso de los ecosistemas, el calentamiento global y en reducir los fundamentalismos políticos, económicos y/o religiosos que puedan desencadenar conflictos armados. Eso es urgente. 

Ante todo ese panorama hay dos posturas, la de: “Habiendo cosas más importantes, esta minoría hace escándalo pidiendo derechos”, y la postura nuestra: “Queremos colaborar para resolver todas estas cosas, pero estamos demasiado ocupad@s defendiendo nuestra existencia y los derechos básicos que debemos de tener para poder ponernos a contribuir con la sociedad en igualdad de condiciones”.

En serio, no, de verdad, EN SERIO, ante problemas tan graves y reales, ¿todavía hay quien pierde el tiempo juzgando quién se acuesta con quién?; ¿quién se atreve a verse fabulos@ con ropa o maquillaje que, según ellos, no le corresponde?; ¿quién se identifica con cuál parte del espectro de los sexos, los géneros y sus expresiones?

En serio, en estos tiempos, cualquier espacio de paz y placer que podamos conseguirnos, cualquier cosa que nos haga sentir plen@s, amad@s, o de perdida, felices por un rato, mientras no afecte a nadie, debería ser nuestro espacio personal garantizado para no volvernos loc@s. 

La comunidad LGBT, igual que todos, necesitamos estos espacios seguros, igual que todos. Respetemos nuestros espacios, nuestras formas de expresión, nuestra existencia plena, nuestros derechos básicos, y el día 17, bailemos todos para celebrar que estamos vivos y que tenemos oportunidad de conocernos, reconocernos, respetarnos, y en una de esas, hasta querernos mucho.

De una vez les digo que quiero un mundo donde el amor, la paz y la justicia resuelvan todo y la violencia no sea la solución nunca. Su amiga:

La Princesa Judith.

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