2022, EL AÑO QUE NOS MERECEMOS

2022, EL AÑO QUE NOS MERECEMOS

Yo también quiero empezar bien el año, y aunque no soy tan cariñoso como la compañera Princesa Judith, si quiero que este año las cosas le salgan mejor a todos, a todas, a la humanidad en general y hasta a la peor persona del mundo en lo particular, a ver si así aprendemos a vivir juntos como se debe.

Ya lo he dicho, lo vuelvo a decir: Es cierto, lo queremos todo, todo, absolutamente todo.

Queremos derechos, reconocimiento, representación, atención, justicia. Pero eso no va a llegar como regalo el Día de Reyes. Tenemos todos que trabajar para que estas cosas sean verdad, cada uno y otra desde su lugar, desde su experiencia, desde su talento, desde su condición y desde sus posibilidades. Un mejor año llega después de mucho trabajo duro. Ese es mi propósito este año. Trabajar mucho más duro.

Pero uno trabaja duro por una razón, o por muchas razones. Mi trabajo duro es porque, primero que nada, a mí se me reconozca como lo que soy, porque soy, a fin de cuentas y aunque muchos digan que no, un hombre; quiero que se me valore en mi trabajo por las cosas que sé y que puedo hacer, y que me reclamen sólo si las hiciera mal; quiero que la persona que inicie y lleve a cabo una transición como la mía, tenga más información, opciones, recursos y facilidades que las que yo tuve; quiero que las personas en general sean más sensibles, empáticas y justas con aquellos que somos diferentes a la mayoría.

Quiero trabajar muy duro, y vivir muchos años, para ver cómo, en el tiempo de mi vida, el mundo cambia para mejor; quiero ver cómo se van derribando las barreras mentales, cómo se desintegran los prejuicios, cómo surgen los colores.

Quiero, en un futuro no muy lejano, casarme con la mujer de mi vida, y que de una, u otra, u otra manera, formemos una familia funcional, feliz y plena.

Pero eso es a largo plazo… Por lo pronto, este año, me conformo con no tener que explicarle a nadie, en serio, a nadie, que no soy un monstruo, un extraterrestre, un asesino en potencia, una persona enferma, peligrosa o contagiosa, simplemente porque empecé mi vida dentro de lo que socialmente se asigna a un sexo, o sea, dentro de un género, y que en mi vida adulta, he tomado las decisiones y llevado a cabo los procesos que me han llevado a vivir dentro de otro género.

No le estoy pidiendo a nadie que entienda todo mi proceso (muy pocos podrían, la verdad); no les estoy pidiendo que les caiga bien (a veces soy un pesado); mucho menos les pido que me quieran (EL AMOR NO SE SUPLICA); simplemente les pido que sepan y acepten que yo, y que personas como yo, existimos, que somos sujetos de derechos, y que merecemos las mismas oportunidades que cualquier otra persona, porque somos igualmente capaces de todo lo bueno y de todo lo malo que todas las demás personas del mundo.

En serio, así de simple, con esa cosa tan básica,entonces el mundo ya sería un mejor lugar.

Y aseguro que serviría para todo. Hacer esto con nosotros, entre nosotros, ayudará a resolver muchas, quizá todas las razones, motivos y excusas que hay para desconfiar, recelar y relegar a otros.

El derecho a la existencia, al reconocimiento, a la convivencia pacífica, a las oportunidades equitativas… Ese es el camino para la paz, la solidaridad, la fraternidad y todo lo que decían los empelucados de la Revolución Francesa.

El primer capítulo de casi todas las constituciones de los Estados modernos contienen los derechos de los ciudadanos de cada Estado. Yo sólo quiero que se apliquen de verdad. En serio. Lo que está ahí, o nos incluye a tod@s, por muy Trans, Queer, Hetero, Gay, Cis o plumífero que un@ sea, o no es real.

Así que sí, si tengo un deseo para este año. El imperio de la Ley, de la única Ley que vale: la que nos cuide, proteja y reconozca a todos y todas y todes y todxs por igual.

2022: Todas las personas, todos los derechos.

Artemis Switch.

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