AL FINAL DEL ARCOÍRIS, ¿ESTÁ NUESTRA OLLA DE ORO?

AL FINAL DEL ARCOÍRIS, ¿ESTÁ NUESTRA OLLA DE ORO?

De verdad que, a veces, mis querid@s, a este mundo no lo entiendo. Tanta invisibilización de la comunidad Trans, y hace poco medio planeta estaba usando la app para saber cómo se vería siendo del sexo contrario. Lo de “ahorita” puede ser relativo, porque escribo con algunas semanas de adelanto este blog, y para cuando se suba este post, puede que internet ya esté en otro tema, pero aún así me parece relevante mencionarlo.

Y bien, es momento de ponernos personales, porque estoy escribiendo con más adelanto que de costumbre, porque ya tengo fecha, y me muero de nervios. Entro a quirófano a finales de septiembre; hubiera sido antes, pero ya saben, pandemia. Todavía es posible que me vuelvan a posponer, pero crucen los dedos. Ya es hora, ya he pasado por mucho, ya me dieron nervios mil veces, ya me preparé otras mil más. Ya me toca.

Y es que no es fácil. Este proceso, con toda la ayuda, la decisión y el apoyo del mundo, no puede ser fácil. Es cambiar todo, todo. Nombre, identidad, expresión de género, la manera de referirse a una misma. Sí, es algo que he querido desde hace mucho tiempo; quiero decir, lo había soñado e imaginado desde que recuerdo, o casi, y lo he verdaderamente querido desde que supe, a los 13 años, que era posible; he trabajado por esto desde que cumplí los 18 años, y todo se junta a veces en la cabeza. No es fácil. Ha habido muchas dudas, un poco de drama, miles de momentos donde descubres quién te quiere y quién te apoya. Me estoy poniendo sentimental. Déjenme les cuento esto como me salga.

Para iniciar el proceso, hay que ser legalmente una persona adulta, así que, antes de cumplir los 18, hace algunos años (no diré cuántos, déjenme ser coqueta), ya tenía tramitada mi credencial de elector, y miren, que por un lado, muy bien, poder entrar a los bares y todo eso, pero por el otro, una sensación de extrañeza bien canija, porque esa persona, la de la foto en esa credencial, pues esa persona no era yo. No sé si me entiendan. Estaba sacando la identificación de la persona que no era, par iniciar el proceso para ser la persona que quería ser. Eso es algo para contarle al psiquiatra.

Porque el proceso va acompañado de seguimiento y observación psiquiátrica. Y en el sillón una, toda chiquita, sacando lo más profundo de una misma. Y lo de las hormonas, eso ya lo conté, pero por más que lo cuente, no es posible que quien no haya tenido un tratamiento tan intenso como el que la reasignación de sexo significa, lo entienda. Es hacer que el cuerpo funcione de otra forma. La mente, el corazón y el alma ya estaban y siguen estando del otro lado, pero el cuerpo es otra cosa. El cuerpo es algo distinto. Si personas cis tienen, por cuestiones de estética, peso o acondicionamiento físico, problemas de comunicación y de aceptación del cuerpo, imagínense a los que tenemos un cuerpo de un sexo y la mente del otro.

Porque esto es real, tiene nombre, está documentado. La dismorfia de sexo existe, y es difícil. Pueden no creerlo, porque a la mayoría de las personas no les pasa, y están en perfecta concordancia su sexo cromosómico, con su sexo genético, hormonal, psicológico, el desarrollo de sus caracteres sexuales primarios y secundarios y su identidad y expresión de género, todo esto aparte de la preferencia sexual; las personas cis (que es todo lo que acabo de describir) heterosexuales son, aproximadamente, el 95% de la especie humana, y las cis homosexuales (ahorita no se trata de grados, dejemos a la escala de Kinsey en paz), son entre un 2 y un 3.5. Eso deja, NOS DEJA a muchos en una zona un poco, no, ¿cuál poco?, un mucho muy difusa.

Tenemos necesidad de nombrar y clasificar cada cosa, pero las personas son más complejas que las etiquetas. Hemos encontrado cosas en común ante las cuales agruparnos, comunicarnos, definirnos y reconocernos, pero aún así, para algunos de nosotr@s, hay que dar un paso más allá: independientemente de la preferencia, empezamos por asumir las actitudes del género contrario, lo que llamamos ser transgéneros; para much@s, con eso basta, pero para algun@s, para sentirnos dueños de nuestro cuerpo, de nuestra vida, para acercarnos a la imagen mental de quienes somos, es necesario dar el paso a ser transexual.

Por mucho que te prepares y te ayuden a prepararte para este cambio, irreversible y definitivo, hay momentos de nervios, de dudas, no dudas de si lo quieres o no, sino de si estás list@ o no; dudas de cómo va a cambiar tu vida después de esto; de si vas a llegar a tener un nivel de aceptación mejor al que ya tenías; si va a cambiar la relación sentimental que tengas, o afectar a las que quieras tener. Esas son las dudas que pegan, y pegan muy duro.

Quiero cruzar al otro lado; quiero atravesar el último arcoíris; quiero llegar a hacer las paces conmigo: mi cuerpo, mi nombre, mi identidad. Quiero el beso de amor definitivo que me convierta en la princesa del cuento que me he contado. Quiero SER lo que yo siempre he sentido que debo ser.

Ya me estoy poniendo intensa otra vez. Perdón. Es que ya se acerca la fecha y estoy toda por todos lados. Estoy feliz, ansiosa, desesperada. Quiero compartirles todo, y al mismo tiempo guardar mi anonimato. A veces realmente quiero GRITAR lo que estoy sintiendo. Por eso, mejor, me aviento muchos post de corrido antes de la fecha, y después, no sé cuándo, no sé de verdad cuándo esté lista para volver y compartirles. Estoy casi segura de que voy a querer hacerlo, pero no sé cuándo vuelva a estar lista para compartir.

El abrazo más grande del mundo a todos ustedes, y en particular a mi querido nuevo amigo de Nayarit, que ha dicho que le gustaría compartir parte de su historia en este blog en un futuro. El editor del blog se comunicará en privado contigo, para hacer esto posible. Tus palabras de aliento se te agradecen mucho. De verdad, gracias.

Su amiga, toda vuelta loca:

La Princesa Sapo.

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