“NO ES SOLO “CUT AND PASTE”

“NO ES SOLO “CUT AND PASTE”

Qué son las faloplastias, las vaginoplastias, y las operaciones relacionadas.

La castración, o sea, la amputación quirúrgica total o parcial de los órganos sexuales de los hombres, es una práctica histórica y cultural bárbara y terrible, que aún queda como uno de los miedos profundos de los hombres que piensan que los genitales son la base de su hombría y de su personalidad. Esta práctica fue común hacia los esclavos, para que fueran más sumisos, para que cuidaran de las esposas y concubinas de los monarcas, o en el Renacimiento, para prevenir el cambio de voz por la pubertad en los niños con grandes dotes para el canto.

            Para la mayoría de los hombres cisgénero, sólo pensar en que una persona pudiera voluntariamente pedir que le sean retirados pene y testículos, es inconcebible, y por ello tratan de referirse al acto con eufemismos y chistes, llamándole a la operación de la vaginoplastia como “la operación jarocha”.

            Uno de los argumentos más desinformados que he escuchado en contra de los estudios de género y de la educación sexual integral, es el de que: “Si la “ideología de género” avanza, habrá abortos y operaciones de cambio de sexo sin el conocimiento o conocimiento de los padres”. Esta opinión es nefasta por muchas razones, que daré a continuación.

            Para empezar, la operación de reasignación de sexo, que es su nombre correcto, no es sólo una, son una serie de operaciones que requieren de pasos previos que duran AÑOS, acompañados de terapias hormonales y psicológicas, y que cuestan una importante cantidad de dinero, así que ningún menor podría hacer esto, ni siquiera con el apoyo de sus padres, porque el proceso requiere de consentimiento expreso, repetido, constante, de una persona adulta. No se recomienda ni practica en personas tuteladas, sino en adultos conscientes e informados.

            Las operaciones para feminizar a un hombre, o para masculinizar a una mujer, son muchas y van por pasos. Normalmente empiezan por largas series de inyecciones para suprimir las hormonas ya existentes y para aumentar las ausentes, lo que comienza en cambio en el cuerpo del paciente que lo van acercando al sexo al que quiere integrarse. Formar un falo o una vagina puede hacerse en una sola operación, pero hacerlos funcionales para el sexo requiere de otras operaciones, además de la operación para retirar o implantar senos, según sea el caso, y de las cirugías plásticas correspondientes para feminizar o masculinizar el rostro, también según sea el caso. Una faloplastia o vaginoplastia toma en promedio de 10 a 12 horas.

            Las técnicas de las cirugías de cambio de sexo cada vez son mejores, y con mejores resultados. La pregunta de si son válidas puede ser tema de largas discusiones, pero éstas deben hacerse desde el conocimiento científico, no de la imposición de prejuicios. Argumentos del tipo “no puedes esperar que el mundo te acepta como eres, si tú no te aceptas a ti mismo como eres” son muy malintencionados. Convertirnos en más de lo que somos, y esforzarte para convertirte en lo que quieres ser, son dos de os más loables impulsos humanos que nos han hecho superar las barreras de lo que es puramente natural.

            De haber un límite claro y meridiano a lo que cada persona haga con su cuerpo, esos límites deben ser los siguientes: 1) No causar daño; es decir, hay que avaluar si la operación no causará un shock físico o psicológico perjudicial para el paciente mayor al sentimiento de incompletitud o frustración de no realizarla. Esto debe ser evaluado por profesionales en la salud mental. 2) Permitir una mejor integración del paciente al medio social en el que se quiere desenvolver; esto requiere de muchas campañas de concientización para que la sociedad conozca y respete a la comunidad trans, y 3) Que el paciente, reincorporado al medio social, siga siendo funcional, productivo y responsable de sí mismo. Como se ve, estas no son sólo cosas de cortar y pegar.

            De las razones internas, del deseo de pertenecer, del sentimiento de alienación con respecto al propio cuerpo, del derecho al libre ejercicio de la personalidad, que incluye la libertad sexual, hablaremos más adelante, y me pondré más personal, porque no hay otra forma de abordar estos temas. Baste con decir, por ahora, que someterse a todos estos procesos no es un capricho, sino un camino en el que en cada paso estás siendo revisad@ y aconsejad@ por profesionales que, al inicio y al final de cada etapa, van evaluando si eres capaz de sobrellevarla.            Con cariño, La Princesa Sapo, en camino a ser lo que quiere ser.    

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