¿Existe la cultura gay?

¿Existe la cultura gay?

En corto, sí, la comunidad LGBTTTIAQ+, en lo general, crea cultura, y cada grupo en particular dentro de la comunidad, crea subcultura y contracultura, pero para que lo que digo se entienda, tenemos que partir de la definición de lo que es la cultura.

La cultura comprende todo lo que es aprendido por una persona dentro de una sociedad; la cultura son todas las formas de vida y de pensamiento de un grupo humano, en un momento, en un lugar, para satisfacer sus necesidades materiales e inmateriales; la cultura es lo que se transmite de generación en generación; la cultura lo abarca todo, se representa en todos, la vivimos y creamos, en mayor o menor medida, todos.

Hay muchas listas que pueden consultarse si quieres saber cuáles figuras de la Historia del mundo eran parte de la diversidad, pero ese no es el punto de este post, porque cada persona especialista en su campo puede generar cultura por su nivel de especialización, que es algo independiente de su preferencia sexual (aunque, históricamente, a las personas evidentemente diversas, o simplemente, a las mujeres de cualquier orientación, se les cerraban las puertas para aprender ciertos oficios). De lo que quiero hablar es de la cultura que se crea a partir de la identidad de género y de la preferencia sexual.

La identidad por preferencia es muy reciente en el mundo occidental. Tristemente, esa identidad se formó como protesta y resistencia al acoso sistemático de grupos conservadores. Oscar Wilde fue uno de los más grandes escritores de su tiempo, pero las obras que creó, las creó pensando en su identidad propia y la de hombres como él. Una lectura cuidadosa de “La importancia de ser Ernesto”, de sus cuentos y, sobre todo, de “El retrato de Dorian Gray” nos puede dar como resultado un producto cultural hecho desde la comunidad, para la comunidad, y con trascendencia a la cultura universal.

La gente vive, aprende, se comunica y se relaciona como puede. Así se crean las subculturas, pequeños o grandes grupos al interior de la sociedad con sus propios hábitos, rituales, lenguajes. Todas las tribus urbanas son una subcultura, pero en el mundo, una de esas subculturas más constante, consistente e influyente siempre ha sido la que se crea a partir de la diversidad sexual.

Afortunadamente, el siglo XX fue, para la comunidad, una salida global del closet. El cambio de época nos permitió empezar a publicar nuestras opiniones, necesidades y experiencias; unirnos para el reconocimiento de nuestros derechos; reivindicar a aquellos que, en su tiempo, como Wilde, no pudieron vivir como hubieran querido (no hay que olvidar que Wilde fue condenado a trabajos forzados por el crimen de “sodomía”). Al estar al fin al aire libre, hemos podido contribuir de una manera más pública y abierta con la cultura general, la llamada “cultura mainstream”; sacar nuestro mejor repertorio y proyectar nuestras formas de vida, de creación, de sensibilidad, al mercado general, y no sólo en nuestros pequeños espacios clandestinos.

Existe una cultura gay, y una lésbica, y una trans, y una queer. Una cultura formada de muchas experiencias, resistencias, deseos; culturas que quieren ser vistas, entendidas, estudiadas, compartidas. Estamos aquí; somos parte de la sociedad; tenemos cosas que enseñar, que expresar, que compartir. 

Sí, falta mucho camino; todavía tenemos que enfrentarnos al prejuicio de que si alguna exposición, lectura o evento cultural viene desde la comunidad, el público general lo prejuzgue; de que diga que ir a ese evento lo va a “volver gay” (Mijos, si fuera cierto y tan fácil, Juan Gabriel los hubiera convertido a todos).

Bueno, todo este rollo es para empezar a hablar de la cultura y de la comunidad trans. La cortamos por aquí (chiste trans). Los veo en el siguiente post.

L@s ama, La Princesa Sapo.

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