DESGENITALIZANDO EL GÉNERO

DESGENITALIZANDO EL GÉNERO

Siguiendo con el tema de las cosas que escuchamos los diversos todos los días, está la cuestión de que el común de la gente confunde el sexo con el género, y las dos cosas con la preferencia, y las tres cosas con la expresión de género. Empezando por lo primero, sí, sexo hay básicamente dos (excluyendo a la población que se encuentre en algún estado intersexual, cosa de la que ya hablamos antes), pero género NO es igual a sexo, y de eso hablaremos hoy.

            Genitalizar el género quiere decir que creas que el conjunto de órganos con el que naciste determina tu forma de interactuar con el mundo en todas las esferas y determina la imagen que tienes de ti mismo dentro de un limitado y arbitrario conjunto de normas sociales que crees que son fijas y universales, cuando sólo son las que crees que deben ser, y que no creas que deben ser revisadas ni cambiar nunca.

Vámonos más despacio.

El género es una cuestión de expresión cultural. Los actos, aptitudes y actitudes pueden ser ESTADÍSTICAMENTE más desarrollados por uno u otro sexo, pero de ninguna manera son EXCLUSIVOS. Existen diferencias anatómicas que PREDISPONEN a ciertas actividades dentro del grupo social, pero estamos en contra de que las DETERMINEN.

En la esfera privada, ni las religiones, ni el Estado, ni tu santa madre puede decirte cómo quieres expresarte; la libertad de ser tú mismo, de relacionarte con los que compartan tu estilo de vida, de formar pareja y hasta familia con quien quieras y te quiera debería ser una libertad tan obvia como todas las demás libertades, y defendida por la ley y la sociedad de la misma manera.

Circunscribir los estudios de género a lo genital, es ignorar muchas cosas. El cuerpo es un espacio de conflicto entre filosofías, sistemas jurídicos, ideologías, religiones y sistemas económicos. Recomiendo leer la Historia de la Sexualidad, Foucault, Michael, en 3 tomos, Ed. Siglo XXI. La sociedad entera condiciona a las personas a cómo, cuándo, con quién y cómo ejercer su sexualidad, y los Estudios de Género sirven para combatir esta forma de opresión.

Para seguir con los arcaicos modelos de masculinidades y femineidades que nos ha heredado la tradición judeo-cristiano-musulmana, que es enemiga del placer por el placer mismo, tenemos los mitos de la virginidad, el de la masturbación que ofende a Dios, la del sexo solo válido si es reproductivo, la del placer como pecado mortal y mil cosas más que limitan la más privada de las libertades, la de sentir. Todas estas imposiciones las combaten los Estudios de Género.

No existe una única manera de ser hombre o mujer, y mucho menos una “intrínsecamente mejor”. Si acaso las habrá más o menos funcionales, pero eso es otro boleto. Estar anclados a la masculinidad que nos heredaron los abuelos es nocivo, o si no, piensen en si nuestros abuelos fueron felices: Padres proveedores que no compartían ni tiempo ni sentimientos con los hijos; abuelas destinadas a ser sirvientas perpetuas, encerradas entre su habitación y la cocina; tías que no tuvieron acceso a educación superior, y a veces, ni a la básica; el varón como centro de todo al que había que apoyar y soportar, pasara lo que pasara, porque sigue siendo el rey…

Lo que llamamos “Masculinidad del patio de la escuela”, es aquella donde los niños reproducen los prejuicios de los padres en un ambiente de competencia y burla, y se romantiza el bullying. Por cada hombre que el bullying hizo más fuerte y chingón, hay cientos de personas que quedaron afectadas en su conducta emocional de por vida, con sentimientos de alienación e inferioridad, con tendencias depresivas y hasta autodestructivas.

Yo aprendí algunas cosas a través del acoso escolar, ¿y saben?, yo y much@s preferirían haberlas aprendido de otro modo. Ese niño quejica, ese “lloroncito”, ese “marica” que te hace más macho al acosarlo y agredirlo; esa niña que quería jugar y aprender juegos y cosas de varones, esa “marimacha” a la que excluiste y ya no pudo jugar ni con unos ni con otras, pueden ser hoy pacientes con un cuadro clínico de depresión real. Prefiero que se consienta a los niños delicados (que los hay y tienen derecho a serlo) y sobreprotegerlos; prefiero forzar la inclusión de las niñas en actividades poco femeninas, que ignorar sus necesidades y dejar que la presión social los reprima y lastime. Hay que crear, a través de los Estudios de Género, una cultura que promueva formas de masculinidad menos violenta, agresiva y competitiva; imaginen cuántos suicidios estaríamos evitando.

Este tema me pone muy sentimental.

Como siempre, l@s quiero.

La Princesa Sapo.

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