DOS SUCESOS

DOS SUCESOS

Ocurrió una vez más; un crimen de odio. Una compañera Trans, que desgraciadamente se dedicaba al sexoservicio, fue agredida con ácido hace poco en Guadalajara, a menos de 600 metros de Palacio de Gobierno; a menos de 600 metros de Palacio de Justicia, sobre la misma avenida donde está la Procuraduría.

Esto es odio, no fue agredida por razón de a lo que se dedicara, porque entonces cualquier sexoservidora o servidor hubiera sido elegido como blanco… Fue por ser lo que era. No fue un ataque de ira repentina; llenar un recipiente con ácido requiere cuidado, premeditación, la voluntad expresa de hacer y causar daño.

Y luego, aparte del ataque, más discriminación. El hospital más cercano es administrado por una orden religiosa, que no quiso atender a Zoe. Pretextos dieron muchos. La razón la sabemos todos, a pesar de que sabemos que el fundador del cristianismo hubiera dicho que no deben juzgar y que deben ayudar a cualquiera que lo necesite, sin fijarse en nada más que en el hecho de que un hermano o hermana necesita ayuda. Lamentable. Fuerza Zoe.

OTRO EVENTO

Escuchando la radio a fuerzas en un transporte público, me tocó oír un programa “humorístico” en el que se hacen bromas telefónicas. Lo escuche empezado, y estuve oyendo muy extrañado la conversación entre un hijo y su madre. El hijo, antes de decir el motivo de la llamada, le preguntó a su madre si de verdad lo apoyaría hiciera lo que hiciera, y pasara lo que pasara. La madre, asustada, pero manteniendo la compostura, le refrendó al hijo su amor incondicional, como sólo una madre puede hacer.

Después, el hijo le dice que tiene a un hombre como pareja y que quiere su bendición. Yo no podía creer que algo tan íntimo (todavía no sabía que era falso) se transmitiera por radio, cuando es, cuando es verdad, uno de los momentos más fuertes en la vida de alguien diverso. Que algo de esa naturaleza se transmitiera por radio, como entretenimiento, me pareció de un mal gusto terrible, y empecé a prestar atención por si acaso me enteraba del nombre del programa y del de la radiodifusora.

La madre fue comprensiva, fue valiente, y temiendo, como toda madre, por el bien de su hijo en un mundo intolerante, lo siguió apoyando con la voz quebrada, y entonces, nada, que todo era una “broma”; que a algunas personas, hacer sufrir a una madre, les parece algo “gracioso”, y que se tomaron a broma lo que es una realidad en la vida de personas reales, que muchas veces, al declarar sus colores, son rechazados y violentados.

Es de las cosas más ofensivas que he escuchado en mi vida. Ofensivo para las madres, para la comunidad LGBT, y para el público radial.

Al hijo le quiero decir que tiene más madre de la que merece. Así de simple.

¿Qué les digo? Me removió recuerdos profundos, dolorosos, reales. Y que eso pase como “broma”, que nuestros más profundos y dolorosos momentos de decisión sean tomados como un chiste… Pues muy poca madre de la estación, del público que la sigue, y de las personas que hacen sufrir a sus seres queridos como entretenimiento.

Los dos hechos tienen una gravedad inmensamente distinta, pero parten de lo mismo. La incomprensión, la indiferencia, la violencia simbólica que desemboca en violencia real, la discriminación.

Y luego dicen que no tenemos “nada por lo que protestar”.

Miren, los sigo queriendo, pero estoy de malas, y creo que tengo derecho a estarlo. Nos seguimos leyendo aquí.

Artemis Switch.

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