EL APOYO A LA COMUNIDAD LGBT VA MÁS ALLÁ DE LA COMUNIDAD

EL APOYO A LA COMUNIDAD LGBT VA MÁS ALLÁ DE LA COMUNIDAD

Lo hemos dicho muchas veces, la comunidad de la diversidad sexual es una minoría, y siempre lo será. Las prácticas sexuales son infinitas, y eso está bien; lo que a cada persona le guste en la cama, o de pie, o entre las matas, si no es a fuerzas, si no es peligroso, y si es consensuado entre personas en capacidad de decidir, se vale, pero la comunidad no se define por las prácticas, sino por cuestiones de identidad de género, expresión de género y la formación de relaciones sexo-afectivas, o solamente afectivas, con otras personas.

Porque, fíjense en este detalle, se trata de una libertad individual; se trata de la libertad de ajustarse o no ajustarse a las construcciones sociales tradicionales sobre los géneros; se trata de elegir libremente establecer o no una relación sentimental con una persona, independientemente del sexo y de la expresión de género que tenga; se trata de la libertad de que nuestras relaciones sean reconocidas en lo social y protegidas en lo jurídico. Con perdón y sin perdón, no veo nada dañino en todas estas libertades.

Tenemos que hacer historia. Hace apenas ochenta años, en países con graves problemas en integración racial, como lo siguen siendo los Estados Unidos, era imposible que una persona afrodescendiente y una persona caucásica se casaran legalmente. Ese problema seguía existiendo hace 40 años en Sudáfrica.

Los Estados y las Iglesias no deben tener injerencia en las libertades individuales de las personas. Luchar por los derechos civiles de unos, es proteger los derechos civiles de todos. Los autoritarismos comienzan “protegiendo” a la sociedad de los “malos”, de los “degenerados”, porque necesitan un enemigo para que les permitan usar la fuerza para, después, abusan de esa fuerza, y entonces los derechos de todos quedan en peligro.

Si se logra el objetivo de “Todas las personas, Todos los derechos”, entonces de verdad que todos y todas estaremos seguros, integrados, colaborando en hacer un mundo mejor. Cuando una persona no puede vivir su expresión de género ni su orientación sexo-afectiva, no es una persona libre, ni feliz, ni productiva. La Declaración Universal de Derechos del Hombre y del Ciudadano es clarísima: Libertad de Expresión; Libertad de Tránsito; Libertad de Credo; Libertad de Reunión; Libertad de Asociación. Es textual que ninguna persona debe ser discriminada por etnia, idioma, religión, orientación sexual o filiación política. Esa es la LEY, pero pese a los grandes pasos que se han dado en lo legal, la sociedad aún se resiste.

La lucha por las libertades debe ser una sola, atravesando a todas las capas de la sociedad. Una persona que ha sido discriminada, difícilmente será discriminadora (aunque hay casos). Las mujeres consiguieron el derecho al voto protestando, haciándose oir, haciéndose visibles, hasta que lo lograron en los países que opusieron la mayor resistencia, y entonces, el resto de las naciones tuvieron que ponerse al día, quisieran o no, para no quedar como atrasados e intolerantes.

Hay discriminaciones más fuertes que otras, más viejas que otras y, aparentemente, más urgentes que otras, pero todas son la misma, porque van en contra del pensamiento divisorio del discriminador. Sí, en la sociedad hay grupos, pero somos unos y otros, no unos contra otros. Todos estamos unidos en la lucha por una vida mejor, por una sociedad más justa, democrática, plural, funcional y feliz.

No te deseo que estés nunca del lado equivocado de la calle. No puedes luchar con un puño por la libertad de unos, y golpear los derechos de otros con el otro puño. Al menos, no deberías. La historia juzga mal a quienes se han aferrado a los viejos hábitos de la exclusión, la censura, el odio gratuito e infundado.

Seamos hermanos unos de otras, todos de todos. Amemos al prójimo. Creemos sistemas de convivencia pacífica y abracemos por fin lo que dice el sentido común, el sentido de justicia, la verdadera moral que distingue el bien del mal, sabiendo por fin que no somos enemigos, que no hay razón para temernos y odiarnos entre nosotros, y que hay espacio en la vida, en la sociedad, para quienes estén en cualquier espectro del arcoiris.

Yo le deseo lo mejor a todo el mundo, y ojalá que el odio se resolviera sólo con un abrazo, una explicación paciente y una convivencia sana. Mientras tanto, seguiremos exigiendo nuestros derechos, y los de cualquiera que se sienta excluido, marginado y segregado como podamos, porque los derechos, o son para todos, o no significan nada.

Artemis Switch.

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