EL IMPACTO DEL VIH EN LA COMUNIDAD LGBT

EL IMPACTO DEL VIH EN LA COMUNIDAD LGBT

Mis amores, como lo prometido es deuda, vengo haciendo prehistoria Gay, porque tenemos Gaycestros que reconocer. Sí, el VIH fue nuestra primera pandemia; venimos saliendo del COVID, por eso se nos olvida que no es la primera pandemia que vivimos en el mundo. Tengo que decirlo, afortunadamente, llegué muy tarde a la pandemia del VIH en los 80’s, porque soy milenial, pero el impacto de la discriminación que existe hacia la comunidad debido a esta enfermedad sí me toco, y a muchos les sigue tocando.

Es cuestión de simple estadística, porque, en los años 80’s, la población de varones homosexuales, no teniendo miedo de un embarazo, por ser imposible, y no teniendo mucho miedo a las enfermedades de transmisión sexual, las enfermedades venéreas, debido a que casi todo lo arreglaba una inyección de penicilina, incómoda, pero barata, entonces pues, las prácticas de sexo sin protección eran muy comunes, sobre todo por esa libertad que había para encuentros completamente casuales, sin sentimientos incluidos. Ya lo dice un conocido cómico mexicano, ¿qué hacen un hombre caliente con otro hombre caliente cuando no tienen ningún impedimento para darse placer el uno al otro?, simplemente cogían. 

Debido a estas prácticas, que el día de hoy sabemos que son inseguras, el Centro de Control de Enfermedades, CDC, por sus siglas en inglés, en los Estados Unidos, reportó que, a pesar de que la población de hombres Gays y Bisexuales sexualmente activos en la población de Estados Unidos, el país que más ha hecho seguimiento de la enfermedad, era de apenas el 2% de la población, en los años 80’s representaban el 83% de los casos registrados de un desorden del sistema inmunológico, que como ya dije en el post anterior, se llamó en un principio GRID.

Sí, con el 83% de los casos reportados en hombres que habían tenido prácticas homosexuales, que algunos medios de comunicación reportaron como el 100% de los casos, era inevitable que en el imaginario de la sociedad se creara una asociación entre la enfermedad y la orientación sexual. Esto sucedió por una circunstancia epidemiológica, simplemente porque la práctica del sexo heterosexual solía llevarse más a menudo con prácticas de sexo seguro, como el uso de preservativos para evitar embarazos, así como el hecho de que, estadísticamente, las posibilidades de encuentro de sexo casual eran, y siguen siendo, más probables de darse en forma casual dentro de la comunidad LGBT que y fuera de ella. 

Esto ha ido cambiando con el tiempo, debido a que la comunidad, al tener ya la posibilidad de relaciones de pareja legalmente constituidas, con derechos compartidos, con posibilidades de adopción, se han vuelto más estables, menos promiscuas, y se ha vuelto mucho más común la práctica del sexo seguro. Razón por la cual, la enfermedad ha ido pasando por distintas etapas, reduciéndose la tasa de propagación entre la comunidad LGBT, y expandiéndose en otros grupos, como entre las desprevenidas esposas de hombres heterosexuales con prácticas extramaritales. La enfermedad simplemente pasa de un cuerpo a otro si se practica el sexo de manera insegura, en realidad, no tiene que ver con el tipo de práctica, ni con el tipo de moral del portador.

Sin embargo, queda un asunto que vuelve a ser la comunidad LGBT la más susceptible de contagios, tanto de ésta, como de otras enfermedades. El asunto es que, dentro de la comunidad, existen, perdón, existimos las personas Trans, las cuales es muy común que tengan pocas opciones de desarrollar una vida profesional fuera de los giros negros. Yo trabajo desde un escritorio, pero para muchos miembros de la comunidad Trans, los giros negros, y el trabajo sexual, se vuelven una opción; en muchos casos, tristemente, la única opción. Y es obvio, en el trabajo sexual, se práctica el sexo inseguro, que ha hecho aumentar otra vez la taza de diagnóstico del VIH, siendo cinco veces más alta que en los grupos de control.

Pero ese no es el principal problema, el principal problema es la discriminación que lleva implícita la asociación entre la enfermedad y la comunidad, incidiendo en tratamientos médicos inadecuados; en violencia institucional en contra de los pacientes que van a diagnóstico y seguimiento; en la falta de apoyo psicológico para las personas que han desarrollado el cuadro de infección habiendo desarrollado la grave enfermedad del SIDA, pasando de portadores a pacientes. Todo esto, que es completamente violatorio de los derechos humanos, es lo que debemos de combatir el día de hoy. 

Un paciente es un paciente, y si no se le reclama al diabético por sus malas prácticas alimenticias, y al paciente de cáncer de pulmón por la cantidad cajetillas que dejó tiradas en el camino, no creo que sea distinto del decoro y respeto de no revictimizar a un paciente con una enfermedad infectocontagiosa de transmisión sexual por las circunstancias en las cuales he podido adquirir el virus. En el consultorio lo que importa son las condiciones de salud y los tratamientos adecuados para cada paciente; la moral es para otros lugares, y con perdón, yo, de mi moral, no discuto ni en el confesionario.

Conocer la enfermedad es la mejor manera de combatirla. Nadie está a salvo. Sépanlo bien. Existen las prácticas inseguras, pero eso es estadística. Al que se arriesga un 90% le sobra el 10% de chanza de salvarse; al que sólo se arriesga UNA vez en la vida, le basta esa ÚNICA vez para infectarse. Entonces, no juguemos el juego de juzgarnos, y juguemos el juego de cuidarnos, todos lo necesitamos. Es por el bien de todos. Les mando un abrazo cariñoso, y les digo, por favor, por piedad, por claridad, y por el recuerdo de sus santas madres, cuiden y protejan a sus parejas sexuales; eso le conviene a toda la humanidad.

La Princesa Judith

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