EMPEZANDO POR ALGÚN LADO

EMPEZANDO POR ALGÚN LADO

Soy lo que soy. Puede que me explique, porque no soy la persona más común del mundo, y eso me encanta, pero aunque yo tenga las cosas clarísimas, la mayoría de las personas siguen viendo todo en blanco y negro, o en azul y rosa, que es peor. Las televisiones ahora reproducen millones de colores, pero a la gente le gusta hacerse la daltónica en cuestiones de sexo y género.

Si hay que empezar en algún lado, pues digamos que me llamaba (no me llamaba) Isabel, y que nací a finales de los ochenta, milenial, pues. Digamos que la vida no empezó en el modo difícil y que mi primera infancia fue muy feliz, aunque no del todo común. Digamos que tengo (que la tengo todavía, con algunos detalles) una familia amorosa y que Holden Caufield me la tiene guanga.

Mexicano por las cuatro esquinas, educación básica privada, carrera orgullosamente popular; una ingeniería, por si había dudas (no diré cuál), y al momento de escribir esto tengo todavía dos relaciones funcionales y semi-fijas, sin exclusividad por ningún lado, con dos hermosas mujeres que hasta se conocen y saben que estamos en esto por un rato. Ellas tienen sus planes a futuro, yo los míos, y esto dura lo que tenga que durar (no, no nos metemos a la cama los tres juntos, por si tenían el morbo de preguntar).

Empezando por algún lado, todos nos vamos formando una identidad como podemos, siguiendo la corriente o por la libre. Yo miraba para arriba a mi hermano mayor, yo era distinta a mis hermanas menores, yo tuve un padre maravilloso que ya no está con nosotros, y tengo una madre que se resistió mucho a la idea de lo que yo era, hasta que no sé si me aceptó o se rindió, pero la quiero y me quiere (a su manera), y por el momento, estamos bien, aunque me sigue regañando cuando me paso de vato, y como vato, yo me dejo regañar.

Empezando por algún lado, empecé a escribir esto porque me abrieron espacio en un blog sobre diversidad, pero lo que estoy escribiendo son cosas que me han estado revoloteando en la cabeza desde hace años. Por ahí me dijeron que a escribir se enseña uno escribiendo, y pues, estoy aprendiendo y quiero hacerlo.

Porque resulta que la vida se trata (según yo) de encontrar la manera de hacer lo que quieres, tener lo que quieres, querer a quien quieres, y el éxito debe ser medido en cuánto y cómo te sales con la tuya. Desde el principio, si hay que comenzar por algún lado, yo siempre he intentado salirme con la mía.

En un descuido, todo cambia en la vida. Un descuido es una carretera y un imprudente al otro lado de la vía; un descuido es pescar al vuelo una mirada de una niña y quedar embelezado como idiota; un descuido es un beso que te roban y no sabes que hacer con eso por un ratote; un descuido es enterarte de que, a pesar de lo raro que te sientes, un día te enteras de que hay espacio, lugar, opciones y un nombre para el tipo de persona que crees que eres y que quieres ser.

Todo esto pasa a lo largo de años, que si son los de una vida, son poco más de treinta, y si son los que pasan dentro de tu mente y a cada vuelco del corazón, son algunos siglos. Estoy aprendiendo y esto va para largo. Pónganse cómodos, esto va a ser un viaje en carretera de montaña, con llovizna, y yo pongo la música viajera. Empezamos.

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