FEBRERO, MES DEL AMOR; EL MATRIMONIO IGUALITARIO EN MÉXICO

FEBRERO, MES DEL AMOR; EL MATRIMONIO IGUALITARIO EN MÉXICO

Bien, antes que nada, lo confieso abiertamente, en algún momento de mi vida, no muy lejano, tengo toda la intención de contraer matrimonio, de formar una unidad familiar con una mujer a la que adore absolutamente, por quien me nazca hacer todo lo que pueda para verla sonreír y que me impulse a ser el mejor hombre y la mejor persona que pueda ser.

Para esto, va a haber algunos obstáculos, no muchos, porque yo ya hice mi cambio de identidad de género en mis documentos oficiales (sobre esa odisea, hablaré en otro post), pero aún así, no faltará quien vea mal, quien critique, quien se oponga. Pero no nos preocupemos todavía por lo que no ha pasado; en este momento, mis relaciones no están tan avanzadas, no hay pastel de boda en el horno.

Soy un hombre Trans, y para que los nuevos lectores sepan de qué van mis post, eso quiere decir que nací siendo identificado social y clínicamente como mujer, y que pasé por procesos legales, quirúrgicos y actitudinales para que mi identidad de género deseada, que es masculina, fuera reconocida y estuviera en concordancia con mi cuerpo, en la medida de lo posible, para la ley y para la ciencia médica actuales.

Habiendo dicho lo anterior, hablemos de los matrimonios igualitarios en México. Al día de hoy, el matrimonio igualitario está vigente en 13 de los 32 estados y en la CDMX. Eso es menos de la mitad del país. Falta mucho por hacer. En datos del INEGI, por ejemplo, en el año 2016, se registraron 1,749, y esto es bueno, por pocos que hayan sido, y me voy a entretener explicando por qué.

El matrimonio es un gran compromiso; emocional, financiero, legal. No es para todos. Lo que peleamos desde la comunidad LGBT no es porque cada pareja se case, sino que pueda hacerlo, si es lo que desea. El matrimonio no es para todos los heterosexuales cisgénero del planeta, y no es para todos los homosexuales, y no es para todos los Trans. No importa si son muchos, pocos, o todas y todos, lo que importa es que sea posible.

1,749 parejas no son muchas, no hacen peso estadístico, son el 0.3% de todos los matrimonios celebrados en el país ese año 2016. No veo por qué se obsesionan algunos con que su existencia es una amenaza para las familias “tradicionales”. ¡Es el maldito 0.3%!, 1,749 parejas no llena ni un palenque de medio pelo. No somos una amenaza para nadie, pero para cada una de esas parejas, poder celebrar, oficializar y reafirmar su amor de esa manera, para cada una de esas parejas, eso fue un sueño hecho realidad.

Yo lo quiero todo, todo, sin saltarme nada. El grupo versatil cursi, el baile de los billetes, la Víbora de la Mar, el lanzamiento del ramo y de la liga, el pastel de cinco pisos, la escoba y el mandil, el smoking.

No me importa que sólo pueda ser matrimonio civil, matrimonio es matrimonio; es decidir que vas a pasar el resto de tu vida comprometido y dedicado a otra persona; que estarán unidos en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad… Perdón, nomás de pensarlo, me emociono mucho.

Quiero que mi familia esté ahí; quiero que mis amigos y amigas estén ahí; quiero tener un documento firmado y sellado; quiero que la autoridad del Estado Mexicano me respalde ante la sociedad y el mundo como el esposo de mi esposa, y a ella como la dueña absoluta de mis quincenas y de mi devoción. Yo entregué en el altar a una de mis hermanas… Quiero devolverle el favor.

En serio, ¿un prejuicio, un miedo irracional de personas que ni me conocen va a quitarme a mí o a gente como yo todas esas grandes ilusiones? ¿Les parece algo justo? ¿Les parece que el que yo desee todo esto es malo, equivocado, incorrecto?

Cada pareja que, sin importar sus sexos, orientación, identidad de género, decida que se ama y que se va a comprometer completa y devotamente en ser una unidad fundada en el amor, la confianza y la lealtad, debería poder hacerlo, y tener derecho a una ceremonia que celebre ese amor, esa confianza y esa lealtad. No creo, de verdad, no creo que estemos pidiendo demasiado.

Que yo pueda hacerlo, cuando llegue el momento, no le quita nada a nadie. Sólo les pido que piensen en lo feliz que esto me haría, y que piensen si de verdad alguien tiene derecho a negármelo… Quiero que piensen qué sentirían si se los negaran a ustedes. Sólo si podemos honestamente ponernos en los zapatos de otro, habrá igualdad y comprensión.

Les deseo un 14 de febrero seguro y feliz.

Artemis Switch.

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