GRINDR, MANUAL DE USO

GRINDR, MANUAL DE USO

Vamos a ponernos sociales el día de hoy, la última vez hablé de amarte a ti mismo, y por eso quizá está bien hablar de amar al otro, el día de hoy quiero que hablemos de la red social que permite, con mayor facilidad, encontrar personas afines. Cuando salió la aplicación de Grindr, en 2009, fue maravilloso para muchos jóvenes y no tan jóvenes LGBTTTAIQ+, pero como todo lo que nos afecta en nuestra diversidad, tiene cosas buenas, malas y feas. Empecemos por las buenas.

En los tiempos de la prehistoria Gay, la única oportunidad de conocer gente diversa, en un ambiente “seguro” donde no se tuviera que disimular, era en clubes privados, muchos clandestinos, donde muchas malas prácticas sucedían. Por ser tan clandestinos, el simple hecho de querer conversar con alguien que fuera como tú, o al menos te entendiera sin juzgarte, y a ver si había un click posterior, se revolvía con un ambiente propicio para que hubiera mucha bebida, drogas, cuartos oscuros para sexo anónimo (no juzgo a quienes los usan, sólo digo que es difícil concentrarse en tener una conversación significativa o casual con todo esto distrayéndote), además del riesgo permanente de que hubiera una redada y acabar siendo extorsionado.

Librerías con material pornográfico; pequeñas, oscuras, sucias salas de cine que abren temprano y cierran tarde, proyectando cintas pornográficas de las que el público apenas se da cuenta; bares y más bares. Necesitábamos con urgencia otro tipo de interacción para conectarnos, ya sea tanto si buscábamos amistad, oportunidad para relaciones afectivas o simplemente la oportunidad de un acostón de emergencia (también se vale, pero con cuidado, por favor, te quiero ver bien). 

En Grindr, que originalmente fue lanzado para el Iphone G3, permite a los usuarios ubicar a personas dentro de la comunidad, que tengan la aplicación también, obtener su foto, su ubicación (específica o aproximada), y su perfil, para escoger con quienes quieres iniciar una conversación o ponerse de acuerdo para un encuentro. La aplicación tiene una versión gratuita y una de paga, donde los perfiles están más completos y se puede filtrar más específicamente los perfiles para una mejor “selección” de personas con más compatibilidad.

Eso es lo bueno de la plataforma; ahora va lo malo.

Tener la aplicación es a veces un riesgo a tu privacidad, puesto a que puede generar “outings” involuntarios, además de que cualquier persona puede abrir una cuenta falsa, con intenciones de chantajear, acosar, robar o agredir a los miembros de la comunidad. En los pasados juegos olímpicos del 2016, un “periodista”, armado con una cuenta falsa, paseó en los alrededores de la villa Olímpica, con la intención de ventanear a los atletas que tuvieran la aplicación, lo cual fue un riesgo para muchos de ellos, que iban de países donde no se ha aceptado la homosexualidad. Esto fue repudiado por muchos medios, pero evidenció el riesgo del uso sin precaución de este tipo de servicios.

Existen temores de que Grindr sea usado para robar datos personales, así como para cazar a miembros de la comunidad, como ocurrió, por ejemplo, en Egipto en el año 2014. Por muchas razones, hay lugares donde la geolocalización exacta de usuarios ha sido deshabilitada. Afortunadamente, ese no es el caso de México, en particular, ni de Latinoamérica, en general, pero sí hay que tener mucho cuidado. Incluso si no se usara con la intención de agredir, el “Catfishing” (dar información falsa en el perfil para garantizar más contactos, sobre todo, usando fotos de otras personas, normalmente más “atractivas” desde el punto de vista de los estándares convencionales de belleza) es una práctica muy común.

Ustedes me han leído. Saben que soy muy reservada en cuanto a dar datos puntuales de mi identidad. No he dicho ni mis nombres (el civil, que todavía no cambio, ni el asumido), ni de dónde soy, ni donde resido, ni mi edad, ni a qué me dedico aparte de a escribir este blog. Si para la comunidad Lésbico-Gay hay situaciones de inseguridad, para la comunidad Trans es todavía peor. Aún así, la plataforma es una maravilla, pero hay que evitar dar información sensible.

Otro punto a considerar es el del respeto dentro de la plataforma. Habemos quienes la usamos manteniendo las reglas de cortesía y etiqueta necesarias para una comunicación respetuosa, pero sí hay usuarios que se ponen bien intensos y hacen preguntas o peticiones muy subidas de tono. Como en todos los lugares y redes, hay trolls, haters y demás fauna nociva. Por eso hay que extremar precauciones también, para mantener un medio sano para encuentros y amistades, para formar comunidad, comunicación y colaboración, no para replicar los viejos malos hábitos o para reforzar los estereotipos de los que nos queremos deshacer.

¿Recomiendo Grindr? Sí, pero como todo, debe usarse con cuidado y responsabilidad. El éxito de Grindr llevó a la creación de Blendr, la versión buga del asunto, y ambas aplicaciones tienen riesgos similares de cuentas falsas y de usuarios con malas intenciones. Todo debe usarse con precauciones.

¿Les diré que tengo cuenta en Grindr? Sí, la tengo, aunque hace mucho que no la uso. ¿Le saqué provecho? Hubo unas de cal y bastantes de arena. ¿Les respondería si me mandaran mensaje? Puede ser, depende de si inspiran confianza o no. Hagamos todo de manera responsable y vámonos conociendo.

Su amiga: la Princesa Sapo.

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