¿Qué es la identidad de género?

¿Qué es la identidad de género?

El cuerpo con el que nacemos, o lo que le pase a ese cuerpo, no es lo único que debe determinar nuestra identidad. Es un punto de partida, no una sentencia definitiva. Cada cuatro años, pocos días después de los juegos Olímpicos, se inauguran los Juegos Paralímpicos, donde muchas personas dan testimonio de que sus limitaciones físicas no pueden más que su esfuerzo y su determinación. Yo, en lo personal, siento una gran inspiración al verlos.         

Revisen las noticias recientes; se ha publicado la primera novela escrita por una persona con síndrome Down, y también se le ha dado título de maestro de educación básica a otra persona con el mismo síndrome. El cuerpo en el que nacemos es una cosa, lo que hacemos con él, es otra.        

  Nosotr@s somos lo que decidimos ser, dentro de la medida de lo posible, pero buscando probar y trascender lo que nos dicen que es lo posible. Lo posible llega cada vez más lejos.         

Hay cosas que nos dicen que son objetivas, y no lo son. Muchas personas, por cuestiones jurídicas, tienen una nacionalidad con la que no se identifican, porque su identidad se formó con la cultura y la sensibilidad de otra nación. Recuerdo las palabras de una destacada precursora de la comunidad LGBT, doña Chabela Vargas, quien era más mexicana que el mole, pero cuyo nacimiento ocurrió y se registró en Costa Rica: “Los mexicanos nacemos donde nos da nuestra %/()/$#da gana”. Hasta la nacionalidad es subjetiva.         

Existen, culturalmente, en cada momento y lugar, concepciones de lo que es exclusivo de un género y de otro, pero no son objetivas. Igual que no son los mismos los valores sociales, morales y culturales de México en el siglo XIX, XX o XXI, no son los mismos valores sobre lo que es y lo que puede llegar a ser la sexualidad o el género.

Vuelvo a decirlo, porque en cada post hay comentarios al respecto. Sexo NO es género, y sexos hay, básicamente dos, pero lo que hacemos con ellos, la manera en que decidimos vivirlos y expresarlos, pueden ser infinitas, e igual en que no hay nada de malo en elegir vivirlos de una manera tradicional binaria, no hay nada de malo en no hacerlo tampoco.

Volviendo al ejemplo de la nacionalidad, ser mexicano es una construcción cultural altamente compleja, y aunque la mayoría de los mexicanos tenemos elementos culturales en común que nos identifican, no es lo mismo ser mexicano del norte, del centro, del sur, de ascendencia indígena, de clase popular o de clase privilegiada. Cada uno adopta de identidad de ser mexicano como quiere o como va pudiendo.

Mi punto es que lo mismo ocurre con el género: Hay miles de maneras de vivirlo, de incorporar a tu identidad actitudes, prácticas y elementos de lo que se considera masculino o femenino. El espectro es amplio, tanto, que la manera de simbolizar el espectro de las preferencias sexuales es el arcoíris.

¿Qué es la identidad? Lo que sientes que te representa, que te identifica, lo que tú decides que eres, lo que aspiras a ser, la manera en que ves al mundo y en la que quieres que el mundo te perciba. Con perdón, eso no puede ser objetivo, ni mucho menos ser definido únicamente por el cuerpo que te tocó al nacer.

Y esto no es nuevo. Vuelvo a decirlo, la diversidad y las personas trans hemos existido desde siempre. Que haya culturas que repriman la diversidad y culturas que la acepten tampoco es nuevo; es un estira y afloja constante en el desarrollo cultural e histórico del ser humano. Lo que es nuevo es que en esta generación se conjuntan la cultura de medios, que hace posible que la gente se informe (y también se desinforme) de manera fácil y rápida sobre estos temas, con la posibilidad de usar avanzadas técnicas médicas y quirúrgicas para vencer las limitaciones del cuerpo y convertir a las personas que así lo decidan en una versión de sí mismas que se acerque más a lo que consideran su identidad.

No deja de ser un tema complicado, polémico, y donde hay riesgos reales, además de prejuicios, desinformación y espacios para que se presenten agresiones y odios. Pero esos son temas para más adelante.

Deseándoles que puedan llegar a ser todo lo que quieran ser, que les de satisfacción, placer, y los haga mejores para sí mismos y para todos los demás, le mando un beso.

La Princesa Sapo.

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