LA CONGRUENCIA DE GÉNERO.

LA CONGRUENCIA DE GÉNERO.

Mis amores, hoy toca un tema que me han pedido y al que le había estado sacando la vuelta. Es que es muy difícil de explicarle a alguien que no se ha reconstruido su identidad de una manera tan profunda como yo, lo que es por fin hacer coincidir lo que una siente, lo que una percibe de sí misma, con lo que el mundo ve de ti, con lo que hay del otro lado del espejo.

Sí, ya sé, en muchos post he dicho maravillas de este cambio y lo que hizo por mí, y de lo fabulosa que me siento a veces y de que quiero cubrir al mundo de colores, pero aunque todo esto es cierto, lo que pasa en el interior de cada persona es más difícil de explicar. Estoy muy orgullosa del lugar y de la situación en la que estoy hoy, pero no les he hablado lo suficiente de dónde estaba y por dónde pasé para llegar aquí.

No es fácil el vivir sintiéndote inadecuada; no es fácil saber que la manera en la que quieres expresarte, comunicarte y sentir, que sabes que es parte de tu verdadero ser, no solo no es aceptada, sino que es rechazada por gran parte del mundo; no es fácil verte en el espejo queriendo ver a una persona distinta a lo que refleja el cristal. No es fácil nada de esto y deprime, deprime muchísimo, y mucho más cuando sientes que nadie te va a entender. Ya he agradecido muchas veces este espacio libre y seguro que me dan para compartir estas cosas, estos sentimientos, esta parte de mi historia y es que yo me sentí muy sola muchas veces. Por eso escribo estas palabras, porque hace mucho me hubiera servido mucho que alguien me las dijera.

Yo siempre fui algo más de lo que me dijeron que era. En realidad, todos somos mucho más de lo que otros ven de nosotros, pero esto no se trata solamente de desarrollar nuestro potencial y de vencer obstáculos, que es algo agradable y admirado; no, para algunos de nosotr@s, l@s que estamos fuerza del espectro Hetero Cis, es algo más duro, porque no solo es que seamos una minoría, algo que siempre es difícil, sino que somos una minoría que hasta oras minorías rechazan; somos objeto de incomprensión, de burla y de violencia, afortunadamente cada vez menos en la mayor parte del mundo, pero falta mucho por hacer; somos estigmatizados como degenerados, enfermos mentales y excluidos de muchos espacios de la vida pública. Sí, todas las injusticias deben ser corregidas y todos tenemos problemas, pero algun@s de nosotr@s no tenemos un espacio seguro ni siquiera para hablar de lo que nos pasa y duele.

Y sí, hay un trato muy diferenciado frente a quien se opone a aceptar las limitaciones socioeconómicas de donde viene; quien se opone a aceptar las limitaciones del medio social del que forma parte; del que se transforma en alguien con una carrera admirable en el deporte, la ciencia o el entretenimiento, pero a quienes tenemos la NECESIDAD de transformar nuestra expresión de género y nuestra apariencia, hábitos y hasta nuestros documentos oficiales para hacer coincidir todo lo exterior con lo que somos por dentro, bueno eso no se considera admirable, y vamos, no es que quiera desfile y aplausos, con un poco de empatía y con que no me consideren enferma mental y no me digan que mi objetivo es frívolo e inútil me conformo.

No, en serio, me conformo con muy poco, simplemente con que no me rechacen en automático, o que, si no entienden ni quieren entender mi situación, me ignoren en lugar de juzgarme y criticarme. En serio, con solo hacer eso ya estaremos llegando a un mundo mejor. A las personas que no quieren tomarse la molestia de informarse o interesarse sobre las personas Trans, mis bendiciones y mejores deseos, no están obligadas a hacer lo que no quieran, simplemente no discriminar en los espacios públicos donde nos encontremos y tener la cortesía de no opinar sobre la vida ajena, con eso podremos coexistir en paz.

La inmensa mayoría de las personas no pueden entender al largo camino que va de sentirte prisionera en un cuerpo equivocado a abrazarte a ti misma llena de amor propio; de pasar de tener todo decidido desde fuera en tu vida en cuanto a expresión de género, orientación sexo-afectiva y expectativas sociales a adueñarte de un camino propio decidido por ti misma; de odiar la identidad que te deban a ser dueña de todo lo que quieres significar.

No, la operación de reasignación de género no es mágica, sino un mecanismo para ayudarte a concluir todo el trabajo interno que lleva reconstruirte casi desde cero. El médico puede hacer muchísimo por ti (otra vez, gracias Dr. Nares); puede feminizar tu rostro, reducirte el mentón, hacerte una lipoescultura, ponerte implantes, inyectarte hormonas y mil maravillas médicas más, pero de lo que se trata todo esto, antes que nada y después de todo, es de amor, confianza y comprensión.

  No podría haber puesto tanto de mí en las manos de otra persona si sintiera que esa persona no entendiera y comprendiera quién soy; que no supiera lo que estos cambios significan para mí; que no entendiera que el camino para amarme completamente, reconciliando mi físico con mi mente, mi espíritu con el reflejo, pasaba necesariamente por una reasignación de sexo.

Para muchos, desde fuera podría parecer que la operación de reasignación de género es el final del proceso, pero no, es el final del principio, la puerta a una nueva vida, una victoria más en el largo camino de llegar a ser quien tú sabes que tú eres. Sé que será imposible de explicar por qué lloré tanto cuando se fueron las vendas y se bajó la inflamación postoperatoria y me pude ver por fin como Judith, la Judith que me imaginaba desde que tuve once años.

No, no le pido a nadie que lo comprenda, con que lo respete y, si en caso de necesidad, estamos estudiando o trabajando juntos, me dé la oportunidad de caerle bien o mal por ser quien soy (una persona completa), y no por ser lo que soy (una mujer Trans), será más que suficiente.

Su amiga: La Princesa Judith.

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