LA CULPA ES DE LA INCLUSIÓN

LA CULPA ES DE LA INCLUSIÓN

(LOS PROGRES ECHAN A PERDER TODO)

Es un hecho objetivo, inobjetable, que las acciones de Netflix cayeron. El asunto es que, los haters, la gente que solamente quiere ver la manera de llevar adelante su agenda política e ideológica, incluso sin pruebas o con pruebas en contra, está interpretando este hecho como resultado de la agenda WOKE, sin considerar otros elementos como los económicos, culturales, y de mercado. El asunto es que hay muchas personas que están diciendo que la reciente caída de Netflix es resultado de haber apoyado una agenda progresista, incluyente y diversa, y no pueden ver más allá de eso.

La realidad es mucho más compleja, y a pesar de que Netflix hizo buen trabajo haciendo manifiesta una inclusión mayor que otras plataformas y otros creadores de contenido, esta no es la razón de su caída, o al menos, no la única.

Tenemos que entender que, hace varios años, Netflix se anunciaba, funcionaba, y se promovía, con una plataforma tecnológica, sin embargo, en el momento de hoy, el streaming es tan común que cualquier compañía puede contratar a una empresa que la convierta en un productor de streaming, o puede crear sus propios contenidos, o cual deja Netflix no como una empresa de tecnología, sino simplemente como una más de las muchas ofertas de plataformas creadoras y distribuidoras de contenido.

Esto no es menor, porque si antes no era algo revolucionario, ahora, con la llegada de competidores con muchísimo más capital para comprar franquicias, comprar derechos de autor, introducir sus contenidos, Netflix está en desventaja con respecto a ellos. Pensar la enorme diferencia de capitales entre las posibilidades económicas de Netflix comparados con competidores como HBO, Apple TV, o Disney Plus basta para dimensionar la diferencia, simplemente hay punto de comparación, Netflix está en franca desventaja.

Y luego está el cambio de hábitos, la pandemia, afortunadamente, ya ha terminado, o por lo menos, se ha reducido grandemente. Entonces, el auge que tuvo en los dos últimos años de Netflix como proveedor de contenidos para consumir en casa se va reducir inevitablemente, debido a que la gente ya puedes salir a la calle, y entonces, las legendarias maratoneadas de series y películas con secuelas, así como los dramas importados de países como Colombia, Corea, China, ya no son tan atractivos como antes. 

La gente está saliendo, y además, en estos dos años, productoras con mucha más experiencia ya han construido sus propias plataformas, como es el caso de Paramount Plus, por no hablar de Disney, que además de todo su vasto contenido, tiene las licencias que ha comprado en la última década, que incluyen a Star Wars, a Marvel, y a todo el inmenso y riquísimo catálogo que la Fox ha construido a largo de los últimos 80 años; competir en igualdad de circunstancias es verdaderamente imposible. Por eso, Netflix ha experimentado una caída increíble, de más del 50% del valor de sus acciones en los últimos meses.

El mercado de consumo ha cambiado; los competidores han salido hasta de debajo de las piedras, poseyendo una cantidad de licencias y de derechos de autor impresionantes (espero ponerme al día pronto para ver mi saga de libros favorita de toda la vida en streaming: “La Fundación”), y además, cada una de estas plataformas tiene una identidad que viene de generaciones atrás, algo que Netflix, con su breve historia, no puede presumir. 

Al intentar crear una identidad, abrazo algunos de los temas de diversidad, apostando a que eso los pudiera definir y que fuera una gran estrategia de mercado. Sin embargo, a pesar de que eso los puede colocar como producto de nicho, no basta para competir con la hegemonía cultural de casas productoras que tienen en el negocio décadas, sino es que acaso, como en el caso de el Universal, de los herederos de la MGM, de la Paramount, pueden presumir de tener más de un siglo en el negocio.

Entonces, quienes culpan al intento de crear una identidad a partir de una agenda progresista del fracaso reciente de Netflix, o por lo menos, de su caída en términos de valor de las acciones, no están tomando en cuenta otros factores que no tienen que ver con la propuesta de diversidad que ofrecía Netflix. En algún momento, Netflix pensó que sus productos podían abrirse a posibilidades que el rigor histórico no permitiría. Porque, por ejemplo, en dramas como Bridgertown, siendo historia históricamente correctos, todos los protagonistas tendrían que haber sido blancos, burgueses, cristianos, heteronormados y de origen europeo, sin embargo, las posibilidades de crear contenido dan una mayor amplitud para aprovechar el talento de actores de otras procedencias, de otros orígenes étnicos, y de contar historias más complejas. 

Aclaramos, esto no es históricamente correcto, sin embargo, si fuéramos históricamente correctos, seguir reproduciendo contenidos del pasado, palabra por palabra, sin ninguna adaptación, los contenidos anteriores al movimiento de los derechos civiles que culminó con la erradicación constitucional de la discriminación en los Estados Unidos en el año de 1969, nos haría excluir a la mayor parte de la humanidad de la narrativa. Esta fue una decisión polémica, sin embargo, creo que tenía su razón de ser.

Existe un documento para los empleados de Netflix donde se avisa que esta inclusión, que muchos catalogan como forzada, va a desaparecer por razones de buscar un contenido mucho más amigable y más vendible. Yo considero que esto es un error. La razón es que, al margen de la polémica, o precisamente por ella, esta era la oportunidad de crear una identidad para la marca Netflix. Sin embargo, la debacle económica de Netflix, los está forzando a tomar decisiones para integrarse mejor al mercado, y al final del día lo que importa es el precio de las acciones. 

Yo considero que esto es un error, porque crear un mercado de nicho pudo haber sido la manera de crear una identidad propia y de generar un público leal, que quizás no hubiera sido el más grande, pero, definitivamente, hubiera sido el más participativo y agradecido.

Sin embargo, al final del día, el dinero manda, y sí, como el dinero manda, cualquier cosa que no venda es acusada de fracaso, cuando en realidad pudo haber sido el principio de una acción afirmativa que contribuyera en el progreso de los derechos humanos y de la inclusión y de la diversidad. Netflix vio bajar sus resultados a partir de la enorme competencia de otras marcas mucho mejor posicionadas y mucho más capitalizadas, sin embargo, según muchos, la culpa es de los progres, porque siempre, siempre, la culpa será de aquellos que se atrevan a salirse de la norma.

Esperemos que esto no lleve a la cancelación de la JOYA que es Heartstoper, serie de libros y de streaming que merece un post aparte.

Artemis Switch.

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