LA FAMILIA LA FORMA EL AMOR

LA FAMILIA LA FORMA EL AMOR

Hola, miren, deje que me ponga sentimental. En este lado de la vida, del arcoiris, de las identidades, todos tenemos amigos y amigas que hemos perdido. No voy a entrar en detalles, porque los detalles duelen mucho, pero si no hemos perdido a alguien por enfermedad (afortunadamente eso cada día es menos común), lo hemos perdido por crímenes de odio, por desaparición, por tantas cosas malas que ocurren en las esquinas oscuras del mundo.


Y vemos tantas cosas, y estamos sensibilizados por tantas otras, que cuando encontramos a quien amar y quien nos ame, nos abrazamos a eso con todo el corazón. Somos fuentes constantes e inacabables de amor, y necesitamos amor casi con desesperación. Sí, díganme dramático, pero si no has sido excluido, invisibilizado, agredido, reprimido y juzgado por ser quien eres, creo que tú y yo no medimos el drama en el mismo nivel.


Y por eso, los amigos y amigas, los compañeros, las parejas, los cómplices, los que compartimos los mismos espacios, acabamos formando familias, sin comillas, porque cuando no eres entendido ni aceptado por una gran parte o por nadie en tu familia de sangre, quien de verdad te devuelva el abrazo, la mirada, quien te escuche y entienda, o trate de hacerlo, se vuelve más cercano y más real.


Bueno, en este ambiente, hasta quien te cae mal o aquel o aquella con la que has tenido problemas, se va a plantar delante de quien sea para defenderte cuando lo necesites. Hay solidaridades que son más grandes que cualquier chingadera que nos hayamos hecho.


Hoy estoy echando de menos a un hermano. Siempre que tenía yo un mal día, me confortaba que él me dijera; “mira, por lo menos sabes que tienes un hermano que te ama”. Hoy no está aquí, pero saber lo que él me diría, es suficiente para enfrentarme al mundo, un día más, un día a la vez.


Es, entonces, necesaria una lucha continua porque sean reconocidas nuestras relaciones afectivas; porque nuestras familias de facto puedan acceder a beneficios sociales, laborales. Está bien, la palabra “matrimonio” se les sigue atorando en la garganta a muchos; no hay problema, en privado le diré esposa a mi esposa; en privado cada pareja seguirá siendo lo que es, aunque en el papel los hagan aparecer como “socios solidarios” o cualquier terminajo leguleyo que les sea más fácil pronunciar. Lo importante son los derechos, el reconocimiento social de que existimos, la capacidad de protegernos unos a otros y de unir nuestras vidas, prestaciones y patrimonios.

Y hay que explicar, UNA VEZ MÁS, que no le estamos quitando derechos a nadie. Que se regularicen y reconozcan familias QUE YA EXISTEN, no le quita sus derechos a las familias tradicionales; un trabajador tiene derecho a asegurar a su familia, es parte de los derechos laborales por las que todo trabajador ha peleado y que es parte de lo que el ciudadano espera de su gobierno. Es un derecho que YA TIENE, sólo que no hay, todavía, el mecanismo civil para que sea reconocida como su familia la pareja QUE YA TIENE, con la que vive, con la que comparte tareas y gastos, con la que comparte su vida, solo porque no encajan en el esquema de hombre y mujer cis y heterosexuales.


Si una persona no puede ejercer sus derechos, una vez más, díganlo conmigo, derechos que YA TIENE, entonces está siendo discriminada. Los derechos son irrenunciables, entonces, quien falla no es el trabajador o trabajadora, sino los gobiernos, las autoridades y la asistencia social. Dar a cada quien su derecho es el principio más básico de una democracia, y yo quiero creer que nos estamos acercando cada día a vivir dentro de una democracia.


No, no estoy exagerando. Entendemos, como sociedad, mal la democracia; no es solo que se respete la voluntad de la mayoría, eso es sólo la primera parte de un proceso democrático. La parte más importante de un sistema democrático es que esa mayoría esté educada, informada, atendida; que no tenga carencias graves que pongan en peligro su vida, salud, desarrollo y felicidad; que pueda entender que hay diferentes posturas y formas de vida que, mientras no sean nocivas para quienes las practican, ni para los demás, deben ser aceptadas, y que esas formas diferentes y válidas de vida deben también estar representadas y tomadas en cuenta en el momento de redactar las políticas públicas, que como son PÚBLICAS, son para TODA la población.


Nosotros formamos nuestras familias como podemos, y amamos igual y nos apoyamos igual y nos necesitamos igual, o quizá un poco más, que cualquiera otro. Sólo pedimos la misma seguridad que cualquier otra familia.

Dedicado al hermano que me ama, desde donde esté.
Artemis Switch.

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