LA IGLESIA CATÓLICA ANTE LA COMUNIDAD LGBT

LA IGLESIA CATÓLICA ANTE LA COMUNIDAD LGBT

Antes que nada, una aclaración. Cada vez que tocamos temas relacionados con las iglesias, la doctrina cristiano-católica y sus representantes, no faltan comentarios que digan que tal o cual iglesia particular, sacerdote o monja particular, es un aliado. Aquí no hablamos de personas particulares, sino de una tendencia histórica; de una práctica constante y sostenida en el tiempo que le niega los sacramentos, la absolución o el reconocimiento a una parte importante de la población, por motivos que, desde la doctrina, si uno lee de verdad los Evangelios, ya es muy controvertida. Así las cosas, empezamos.

Bruno Bimbi, en su libro “El final del closet”, Ediciones Proceso 2020, da cuenta de lo que hizo, dijo y afirmó Jorge Bergoglio, como cardenal, en Argentina, mucho antes de que fuera nombrado Papa. Todo está documentado y sirve para comprobar que Francisco I es solo progresista de dientes para afuera, y que no tiene intención de que la Iglesia Católica cambie pronto de postura, por mucho y que algunas de sus declaraciones hayan sido tomadas como un gesto de reivindicación y de reconocimiento a la comunidad LGBTTTIAQ+.

En el año 2013, el cardenal Bergoglio había enviado una carta a las monjas carmelitas, que después fue filtrada por el propio Bimbi en el periódico “Tiempo Argentino”, en el cual convocaba a una “Guerra Santa”, contra la ley que en ese momento iba a pasar al senado de ese país, y donde llamaba textualmente a ese proyecto de ley como “una obra de la envidia del Demonio”, una “jugada del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”.

Bimbi da cuenta de cómo, con el conocimiento o con la aprobación explícita de Bergoglio, se abrían audiencias organizadas por el Opus Dei que propagaban “cosas irreproducibles” sobre la comunidad y sus miembros. Al mismo tiempo, las universidades católicas exigían a los alumnos que firmaran peticiones contra el proyecto de ley del matrimonio igualitario. El ambiente de linchamiento moral se hizo tan intenso, que los activistas tuvieron que ser escoltados por la policía en esos tiempos debido a la cantidad de agresiones y amenazas que recibían.

Para hacer el ambiente de acoso peor, los senadores que tenían en la mano el proyecto fueron llamados por los obispos del país, amenazándolos con que la iglesia podría hacer campañas contra ellos si votaban a favor de esa ley. De igual manera, recibieron estas llamadas de amenaza las esposas y los hijos de los senadores. Con perdón, eso parece más el modus operandi del crimen organizado que el de la iglesia de Cristo.

A pesar de que desde entonces, en declaraciones públicas, Bergoglio decía, como dice ahora, tener “un gran respeto” por la comunidad homosexual, en la práctica formó parte activa de este acoso, aduciendo que “este tema fue usado para contiendas políticas y las cosas se complicaron, por eso les escribí esa carta a las hermanas carmelitas”. O sea, el futuro Papa declaró que esta campaña fue por razones políticas, pero en la carta dijo, textualmente, que el proyecto de ley era obra específicamente de “El Demonio”.

Después, cuando el entonces presidente Macri apoyó el proyecto, Bergoglio agendó una cita privada con el presidente y después publicó una gacetilla donde lo acusó de haber “fallado gravemente en su papel de gobernante y guardián de la Ley”. Macri, al poco tiempo, retiró su apoyo explícito a la ley, que de todas maneras, terminó aprobándose.

Políticamente, ya después de que su campaña contra la ley había fracasado, declaró conciliadoramente que: “si alguien es gay, y busca al Señor, no soy nadie para juzgar”. El juicio ya lo había dado antes, y de manera muy clara. No nos engañemos, en estas cuestiones, Francisco I no es más progre que ninguno de sus antecesores.

La ley se aprobó, según la iglesia, en esa ocasión y en los demás países donde se ha aprobado, o donde va avanzando poco a poco, como México, gracias a uno de los inventos paranoicos más grandes que existe solo en las mentes más conservadoras: el poderosísimo Lobby Gay, del cual yo nunca me he enterado.

Este es el caso que traigo a colación por dos circunstancias: 1) Hay pruebas documentales y, 2) Toca de manera personal el actuar del actual líder de la Iglesia Católica. Cabe preguntarse cuántas situaciones parecidas se habrán dado y se estén dando en este momento en cada país en donde leyes similares están avanzando. No hay motivos para creer que los representantes de la iglesia se comporten de manera diferente en cada lugar.

Así que no, no confío en que la iglesia cambie de costumbres pronto, y sí, desconfío del paternalismo, la condescendencia y el oportunismo con el que muchos representantes del clero se refieren a la comunidad a la que pertenezco.

Todo está en papel. Se los juro.

En fin, hay que seguir persistiendo con valor, con amor y con la verdad de nuestro lado de que una interpretación de la doctrina no tiene porqué guiar la manera en la que los ciudadanos acceden a sus derechos civiles. Creencias aparte, ese es el fondo de la cuestión.

Artemis Switch.

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