LA MORAL SEXUAL EN LA COMUNIDAD TRANS

LA MORAL SEXUAL EN LA COMUNIDAD TRANS

Este es un tema polémico y que da para mucho, porque se trata de uno de los puntos más usados para atacarnos, e incluso para medir nuestro valor como personas, que es la postura que tenemos, o que nos achacan, en el tema de la moral sexual, así que, por favor, dejen sus comentarios y mantengamos el blog libre de descalificaciones, me interesa su opinión.

Ya lo he dicho muchas veces, lo más natural en los seres humanos, y quizá en todos los seres vivos, es sentir y buscar el placer. El sexo, aparte de su función biológica y de los múltiples significados culturales que se le han dado, afortunadamente, en la sociedad actual, es una fuente de placer de relativo fácil acceso. Lo difícil del sexo no es tenerlo, sino los estigmas y prejuicios sociales que hay alrededor.

Empecemos por el principio: ¿cuánto sexo es mucho sexo? Como en toda actividad en la vida, cuando su práctica te permite ser una persona funcional, que cumpla con sus obligaciones y responsabilidades, sin que absorba de manera patológica el tiempo de realización de otras actividades ni que afecte la interacción positiva con otras personas, está bien manejado. 

En pocas palabras, si una persona no maneja el sexo como un alcohólico al alcohol o un ludopata al juego, está bien, y no importa si lo realiza una vez al mes o tres veces al día. Cuando alguien no maneja bien su vida por una obsesión con el sexo, entonces es un sexópata. La medida es la funcionalidad de la persona, no la cantidad de sexo que se tenga, que no es asunto de nadie más que de los involucrados.

Siguiente: ¿Cómo se ejerce la sexualidad de manera segura, igualitaria y responsable? Cuando las personas involucradas, mayores de edad y en cabal uso de sus facultades mentales participan en cualesquiera prácticas sexuales que prefieran de manera informada, voluntaria y con adecuadas medidas de seguridad, con personas en las que confía, o con las que han acordado previamente las reglas del juego, y no hay mentiras, engaños, coerción ni manipulaciones de nadie hacia nadie, entonces está bien, eso es sano; y si es tres veces al día o si es con alguien que acabas de conocer no debería importarle a nadie. La moral sexual es cosa de cómo y no de cuánto ni con quién.

Es obvio que las reglas cambian bastante de las relaciones heterosexuales cisgénero a las relaciones que son posibles en la comunidad LGBTTTIAQ+. En nuestro caso, el riesgo de embarazo es de menor a nulo; la búsqueda de formar relaciones largas y significativas, con miras a formar una familia, es menor (aquí cada caso es distinto, pero estoy hablando desde la estadística), y la necesidad de contacto humano desligado de planes a futuro y la existencia de menos consecuencias de nuestros encuentros sexuales (otra vez, estadísticamente hablando) hacen que, en proporción, muchos miembros de la comunidad tengan vidas sexuales más activas que la mayoría de personas Heterosexuales Cisgénero.

La pandemia del SIDA en los años 80 evidenció que muchos compañeros Gay, al no tener riesgos de embarazo, al pensar que lo peor que podía pasarles era necesitar una inyección de penicilina, y al no ser posible legalmente la unión civil entre personas del mismo sexo en sus tiempos, tuvieran prácticas sexuales que, en el contexto de la enfermedad, se volvieron de alto riesgo, aunque en su contexto anterior, eran perfectamente válidas. 

No estoy juzgando, es lo que estadísticamente pasó, aunque hay que aclararle al público y a nosotr@s mism@s que parejas del mismo sexo exclusivamente monógamas, y personas Homosexuales y Trans monógamas seriales, siempre han existido.

Juzgar a una persona por sus prácticas sexuales es ser injustos. La moral sexual es otra cosa; es no dañar, mentir, engañar; es no tener actitudes lesivas, predadoras, posesivas o auto destructivas; es respetar a tu o a tus compañeros de cama; es respetar los límites, la privacidad y las necesidades de quien o quienes intiman contigo. 

Hay quienes, independientemente de su preferencia, pueden tener una relación súper tóxica con una sola persona, incluso si está casado con ella, mientras que una persona con una buena moral sexual puede tener relaciones muy saludables con varias personas a la vez.

Lo más grave no es que la comunidad que vive en la diversidad sea juzgada, en lo moral, en lo personal, en su valor como persona, por sus prácticas, que son muy su asunto; lo grave es que entre nosotr@s mism@s se escurre ese pensamiento, y repetimos y amplificamos esos juicios.

Cada quien es libre de hacer con su sexualidad lo que quiera y de intentar lo que modestamente pueda de acuerdo a su propia moral sexual, sus circunstancias específicas y a sus necesidades físicas o emocionales. Esto es verdad tanto para la comunidad LGBTTTIAQ+ como para la mayoría heterosexual del mundo. Una sociedad donde la sexualidad se viva con libertad será necesariamente una sociedad mejor, más plena, feliz y segura para tod@s.

La verdadera libertad es informada, es responsable, es igualitaria; se ejerce con justicia y con bondad. Hacer lo que se quiera sin medir o sin que le importen a un@ las consecuencias, es libertinaje, y una vez más, es un asunto de calidad, no de cantidad; es un asunto de cómo se hacen las cosas, no de las deliciosas y excitantes cosas que se hagan.

Deseándoles la vida sexual más sana y feliz que se pueda, su amiga:

La Princesa Sapo. 

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