LOS HOSPITALES NUNCA SON UN BUEN LUGAR, PERO PUEDEN SER PEORES

LOS HOSPITALES NUNCA SON UN BUEN LUGAR, PERO PUEDEN SER PEORES

Nadie quiere enfermarse, nadie quiere sufrir un accidente, nadie desea ser malherido en un pleito callejero o en un asalto, pero nadie tiene la seguridad ni comprada ni garantizada y todos podemos caer, por cualquier motivo, en una cama de hospital.

Antes de ir más lejos, quiero aclarar que es una bendición que los hospitales existan, y que los doctores, doctoras, enfermeros y enfermeras que tienen vocación y ejercen su práctica profesional con entrega y para el bien del prójimo, son ángeles de luz y salvación que merecen todo nuestro respeto y admiración, sobre todo en estos tiempos de pandemia. Una vez dicho esto, podemos pasar al tema de este artículo.

Los hospitales son espacios que brindan un servicio público, y todos los que están certificados para tenerlo, tienen un área de emergencias que, en teoría, no deberían discriminar a nadie, por ninguna razón. Todos, del más santo al más abyecto, del más rico al más pobre, del más hetero al más alternativo, deben recibir la mejor atención médica que se pueda en una situación de emergencia que amenace su vida.

Pero hay hospitales privados, y hospitales administrados por asociaciones religiosas, que derivan a hospitales públicos a personas que podrían no sobrevivir al traslado por lo urgente de su situación. Es obvio que, al ser privados, no quieran hacerse cargo de una atención completa de personas que quizá no puedan pagarla, pero no estamos hablando de atención completa, sólo de la mínima necesaria para salvar la vida hasta que puedan llegar con un especialista dentro del sistema de la salud pública.

En cada sociedad hay personas excluidas, marginadas y discriminadas, y eso es una falla social y hasta una negación del evangelio. Sucede todo el tiempo y todas las discriminaciones son graves: las que se dan por origen y pertenencia a una etnia; las que se dan por razones económicas, y las que sufrimos las personas dentro del espectro de la diversidad. Yo puedo hablar de la última, pero por volumen y proporción, las dos primeras son estadísticamente mucho más graves. Todas son injustas.

No se debe legislar desde el prejuicio; no se debe educar haciendo diferencias, pero sobre todas las cosas, no se puede ejercer el juramento de Hipócrates discriminando.

En el barrio en el que nací, del que afortunadamente ya estoy muy lejos, ocurrían dos cosas: estaba muy cerca de una zona muy roja, y el hospital más cercano era y sigue siendo administrado por una congregación religiosa.

Pasó muchas veces: llegó un boxeador abatido en el ring, no lo recibieron, falleció en el trayecto hacia el siguiente hospital. Agredieron a golpes a sexoservidoras, ni les abrieron la puerta; asaltaron con un navajazo a una persona con ropas que no le gustaron a las monjas, casi se desangra en el trayecto a la Cruz Verde.

Aquí no es el foro para discutir la moral personal de cada médico, enfermera o religioso… Existe el derecho a la vida y existe el compromiso hecho por personal e instituciones de proteger y auxiliar, en la medida de lo posible, a cada persona enferma o herida. No se trata de que los salven a todos, nadie puede hacerlo y a nadie se le puede exigir. Lo que sí pedimos es que lo intenten.

 El tema es delicado, pero desde el 2008, quedó asentado en el artículo 229 bis del Código Penal Federal la figura de Abandono Médico, que dice lo siguiente:

Abandono, negación y práctica indebida del servicio médico Artículo 324. Se impondrán prisión de uno a cuatro años, de cien a trescientos días multa y suspensión para ejercer la profesión, por un tiempo igual al de la pena de prisión, al médico en ejercicio que: 

I. Estando en presencia de un lesionado o habiendo sido requerido para atender a éste, no lo atienda o no solicite el auxilio a la institución adecuada; o 

II. Se niegue a prestar asistencia a un enfermo cuando éste corra peligro de muerte o de una enfermedad o daño más grave y, por las circunstancias del caso, no pueda recurrir a otro médico ni a un servicio de salud. 

Artículo 325. Al médico que habiéndose hecho cargo de la atención de un lesionado, deje de prestar el tratamiento sin dar aviso inmediato a la autoridad competente, o no cumpla con las obligaciones que le impone la legislación de la materia, se le impondrán de uno a cuatro años de prisión y de cien a trescientos días multa. 

Fuente: http://sil.gobernacion.gob.mx/Archivos/Documentos/2008/12/asun_2519787_20081217_1229539393.pdf

Así las cosas, luchemos cada día porque la atención médica sea de verdad una garantía que se cumpla, para todos, para todas, sin ninguna distinción.

Artemis Switch.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *