Los taconzotes de mi General Zapata

Los taconzotes de mi General Zapata

Seamos claros, la cuestión no se trata si te gusta o no te gusta la famosa pintura “La Revolución”, de Fabian Cháirez. La cuestión es hablar de la respuesta virulenta y desproporcionada que esa pintura, que ya tiene sus años, despertó.

El representado NO es, específicamente, el general Emiliano Zapata, nacido en Cuautla y muerto en Chinameca. Es un estereotipo del hombre revolucionario, desnudo, en pose sexy, sobre un caballo con una erección y con tacones de pistola. 

En la misma serie de pinturas del autor figura un hombre, desnudo, en pose evidentemente lasciva, portando una máscara del Santo, lo que no quiere decir que sea El Santo (le faltan muchos pectorales para serlo); NO es Rodolfo Guzmán Huerta; y que el Hijo del Santo quiera demandar al autor del cuadro, deja ver que no ha entendido cómo funcionan las cosas. Las personas tienen juegos eróticos con máscaras de luchadores, la de su padre incluida. Personalmente, tengo una historia sucia, que no les voy a contar aquí, con una súper sexy máscara del Rayo de Jalisco.

La intención de la pintura no es denigrar ni a Zapata, ni al Zapatismo, sino cuestionar el modelo mexicano de masculinidad. La carrilla debe ser pareja, y por ello me reí sin culpa de la imagen de regreso que fue un AMLO desnudo montando un ganso. O todo es sagrado, o nada es sagrado. Pero hay que saber distinguir entre una imagen firmada y fechada, con intención de abrir debate, de una imagen anónima, hecha para agredir y difundida con ganas de joder; eso, según le pregunté a mis amigos más cultos, se llama “libelo”, y es uno de los límites difusos de la libertad de expresión. Una opinión que no se pueda decir de frente, con nombre y apellido, no debería tener valor. Todo lo expresado en este blog, es lo mismo que digo cara a cara.

Mi general Zapata no deja de ser mi general, pase lo que pase. Les juro, peores imágenes de él fueron publicadas en el tiempo de la Revolución, nomás hay que rascarle tantito. Lo ofensivo para mi general empezaría por el hecho de que se usara su imagen por décadas como propaganda de partidos políticos que nunca lograron la Reforma Agraria que él soñó; que la tierra siga sin ser de quien la trabaje; que Guajardo lo traicionara… ¿Unos pinches tacones, qué?

Además, en un debate que no corresponde a este blog, hay investigaciones históricas, desde hace más de treinta años, sobre el tema de una posible conducta bisexual de Zapata. No tengo los pelos de la burra en la mano, ni me corresponde a mí decir si sí o si no, pero ultimadamente, mi general, en la intimidad de su cuarto, podía hacer o no hacer (libre y concensuadamente) lo qué le viniera en gana con quién le viniera en gana, sin que su lucha, ideales y su ejemplo se manchen en lo más mínimo.

No afirmo nada, pero, en un ejercicio mental, si se descubriera que sí, que mi general era diverso… ¿Qué? ¿Qué cambiaría? ¿Lo haría menos noble? ¿Haría su lucha menos legítima? ¿Haría su sacrificio menos heróico? ¿Hay que tener certificado de hombre heterosexual cisgénero para ser héroe de la patria? La amenaza al legado de Zapata, señores, está en otro lado. 

No caigan, mis amigos bugas, en la provocación, muy probablemente hecha sin escrúpulos por simples intereses económicos, y discutamos las cosas verdaderamente importantes. 1: ¿Qué querría mi general de nosotros, como pueblo?, y 2; ¿Por qué la masculinidad mexicana es tan frágil que se ofende, hasta este extremo, por algo que, al final del día, no era para tanto?

La Princesa Sapo, zapatista entaconada.

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