MI PRIMERA VEZ… EN PASARELA

MI PRIMERA VEZ… EN PASARELA

“Todo es unisex, si la opinión de los demás te importa un carajo”

Toca hablar de moda, porque es fabulosa, porque se trata de que la ropa haga que nuestra personalidad se exprese, porque nos hace sentir mejor, más segur@s de nosotr@s mism@s, porque la ropa es uno de los más arraigados fundamentos de binarismo de género, y porque me encanta el tema.

La semana de la moda, el año pasado, en NY, la abrió Pierre Davis, mujer Trans, en un verdadero discurso de representación y de inclusión, con modelos de todas las tallas, de todos los pesos y de variadas identidades de género. Es increíble que uno de los sectores donde la presencia de integrantes de la comunidad LGBTTTIAQ+ del mundo, el de la moda, no haya dado muchos más mensajes como ese en todo el tiempo que lleva de existir.

Y sí, me dirán que es casi un cliché que los diseñadores de modas sean hombres gay, cis o no cis, y que nadie espera mucho de un diseñador heterosexual (que los hay), y que por lo tanto, la moda siempre ha sido inclusiva, pero no, porque lo que marca la mayor parte del mundo de la moda, es que hay que satisfacer siempre a los clientes, y los clientes del mundo de la moda son, y siempre serán, mayoritariamente, hombres y mujeres cis.

Los desfiles de moda, y sus propuestas, y sus temas, no son realizados para las necesidades de vestimenta de todos los días, sino que son ejercicios de libertad, imaginación y reimaginación de lo que es bello, de lo que son y de cómo lucen los cuerpos humanos, liberados de lo utilitario y común. Los vestidos de diseñador no son para usarse todo el tiempo (aunque sería fabuloso), sino que son artículos de lujo, hechos para ser lucidos en eventos de lujo por personas que pueden darse lujos y viven en un mundo de lujos.

Por eso, por muy espectaculares que sean esos eventos, lo que los marca es la exclusividad. No son ropas para cualquiera ni para llevarse a cualquier lado. Sin embargo, hay que reconocer que si la clientela no es muy diversa, en términos prácticos, la humanidad sí lo es, y que todos tenemos el derecho a sentirnos fabulosos, y que el binarismo en la moda era y sigue siendo una limitante a la expresión.

De ninguna manera podría costearme uno de los diseños presentados por Davis en Nueva York, y si pudiera costearme algo de diseñador, MÍ gusto personal, sería comprarme algo que me hiciera sentirme super girly (femenina), porque así me quiero  expresar y, en el fondo de mi corazón, soy rosa, tierna, cursi. 

Pero de lo que se trató el desfile, más allá de unas propuestas estéticas impresionantes, es de celebrar las posibilidades, de formar comunidad, de rebasar límites. No se trata sólo de preferencias sexuales (en la moda, eso es común), sino de expresiones e identidades de género. De las personas más “atrevidas”, “valientes” y “desacomplejadas” con respecto al binarismo de género, como son los diseñadores, la discusión puede poco a poco ir bajando a nivel de calle. Las comillas están puestas porque en realidad, la discusión sobre lo que es o no es femenino o masculino no depende de la moda, sino de la cultura, y en cada expresión cultural, cada persona debería elegir qué tomar y que no para sí mism@, con tanta libertad y naturalidad, que no debería requerir de atrevimiento, ni de valor, ni de deconstrucciones, ni nada parecido. Debería ser tan fácil y libre como elegir un género musical preferido, así de simple.

Sí, la sociedad tiene temas y problemas más graves y urgentes que la moda, pero seamos honestos, aunque haya circunstancias más graves, todas las cuestiones sociales avanzan por su cuenta, a su ritmo, de la mano de las personas más adecuadas y capacitadas para llevarlas adelante, cada quien desde su trinchera. 

Son tiempos de pandemia, y de cuidarse y de estar seguros en casa; sí, la crisis económica va a estar durísima (a mí, igual que a todos, me ha pegado), pero como dijo un maestro mío hace mucho tiempo: “Hay cosas que hacemos para vivir, y hay cosas que hacemos para estar vivos”. Cualquier forma de expresión de la identidad es importante por eso, por cómo nos hace sentir.

La marca de Davis, No Sesso, no es para cualquier bolsillo, pero sí es para cualquier expresión de género, y además, para un rango de cuerpos y de tallas más incluyente; en sus propias palabras: “inspirará a la gente a tener una mente más comunitaria y a darse cuenta que no todo es estética o comercio. Se trata también de humanidad”. “(es importante que) las personas de todas las identidades interseccionales tengan la oportunidad de luchar independientemente de su identidad. El campo de juego no está nivelado en el mundo, y esto es más difícil en la moda”.

A nivel de calle, lo importante es que se sepa, se acepte y se normalice que la expresión de género no es una cárcel; que un hombre heterosexual cis puede invertir en su apariencia si eso le hace sentir bien, y usar la prenda, el color y el accesorio que mejor le plazca (pienso en Jason Momoa, con smoking rosa y una dona para su cabello que hacía juego), sin que se le caiga nada; que una mujer heterosexual cis no tiene que verse “delicada” y “femenina” todo el tiempo, porque lo importante es cómo se sienta, no cómo la vean los otros, y sobre todo, las otras; y que entre lo más clásicamente masculino y lo más clásicamente femenino, hay todo un gran espectro de prendas para usar, estilos que intentar, accesorios que usar, looks, outfits, maquillaje, si es el caso, como dijimos en un post del mes pasado; que un “hombre de verdad” no lo es por cómo se viste, porque una cosa es su identidad y otra su expresión; que todos podemos jugar y explorar, y tenemos el derecho a hacerlo sin ser juzgados, porque de eso se trata la libertad.

Y un comentario al final, citando otra vez a ese viejo maestro: “Si no te gusta cómo me veo, pues no me veas y no hay problema”.

Un saludo a Ivy, tu comentario casi me hace llorar de emoción. Es más, ¿cuál saludo? Te mando el abrazo más largo y apretado que me aceptes. Saber que te gusta mi trabajo me hace muy feliz.

Revisando su ropero y soñando frente al espejo, su amiga:

La Princesa Sapo.

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