Mi proceso (2) Justificando mi existencia

Mi proceso (2) Justificando mi existencia

Bien, aquí les voy a seguir compartiendo sobre mi proceso, pero no el médico ni quirúrgico, sino mi formación en los temas de diversidad, que hacen posible este blog que comparto con ustedes en la página del Dr. Nares.

Primero que nada, dejenme decirles que no es justo tener que documentarse tanto, en tantas materias, para defenderse de los ataques y las críticas de personas que no se han documentado en nada. Es pesado, y es frustrante cuando, entre más argumentos des, más se cierran los que te agreden. Por supuesto que todos tienen y deben tener su propia opinión, y que no pretendo que todos vean las cosas de la misma manera que yo, pero las opiniones deben formarse a partir del conocimiento, no del prejuicio, y compartirse y discutirse a partir del respeto, no del odio. Issac Asimov decía que hay una percepción errónea y peligrosa de lo que significa la democracia, y es la que hace a las personas pensar que “mi ignorancia es tan válida como tu conocimiento”.

Si me han seguido hasta aquí, se habrán dado cuenta de que explico la diversidad sexual desde varios puntos de vista: históricos, antropológicos, biológicos, evolutivos, jurídicos y hasta filosóficos. Para justificarle al mundo mi existencia y mi proceso, me he tenido que quemar las pestañas leyendo cantidades enormes de material al respecto (bueno, así me quedan las pestañas naturalmente rizadas). Simplemente es algo injusto tener que estar siempre defendiéndote, pero en fin, entre más pronto las personas estén informadas, más pronto podremos vivir sin estar a la defensiva.

Para hacer este blog, recurro al conocimiento de gente maravillosa a la que he conocido en mi vida y en mi proceso, gente que será citada, si así lo quiere, en los agradecimientos finales de esta serie. Eso es otra cosa que nos pasa muy a menudo, el tener que ser discretos respecto a nuestras identidades, preferencias y opiniones, porque al decirlas, las personas prejuiciosas suponen siempre lo peor de cada un@.

Sí, los miembros de la comunidad en general, y los trans en particular, tenemos que oír, prácticamente todos los días de nuestra vida, opiniones de personas que descalifican, en menor a mayor grado, desde nuestros hábitos más inocentes, hasta nuestra misma existencia; que nos dicen lo que según ellos debemos hacer para ser “normales”; lo que nos hace falta (no hay compañera lesbiana a la que no le hayan dicho alguna vez que eso se les quita nomás con una buena cogida); o que nos miren con morbo y hasta con cierta excitación, que cuando no saben qué hacer con ella, a veces se convierte en violencia.

¿Saben lo cansado que es oír a cada rato que me voy a ir al infierno?

Imaginen el tener que informarte, como si fueras a presentar una maestría en ciencias biológicas y un doctorado en ciencias sociales, sólo para explicarle a las personas con las que necesariamente tendrás que tener contacto que: 1. No eres un/a enfermo/a. 2. No eres un/a degenerado/a. 3. No lo/la vas a violar. 4. No eres pederasta. 5. No le vas a contagiar nada. 6. Tu vida íntima no le debe de importar a nadie. 7. No eres parte de una conspiración internacional promovida por un lobby Gay-Satánico que busca destruir a la familia, homosexualizar al mundo y llevarlo a la extinción (por ridículo que suene, esto es dolorosamente real).

La parte más difícil de ser parte de una minoría sexual, no es la sexual, es la social. Para poder tener libertad plena, necesitamos del reconocimiento social, y para que eso ocurra, la gente debe estar informada y sensibilizada. Desgraciadamente, esto es un conflicto, y en los conflictos, algunos miembros de las partes toman posiciones radicales, que hacen más mal que bien a propios y a contrarios. 

Esto no es una guerra. Esto es educación, educación para conocernos, respetarnos, vivir juntos y crear un mundo próspero y pacífico. Con todo el odio y la violencia que hay en el mundo, ¿no es tonto pelearnos por el hecho de que me encante usar vestido y me haya puesto tantita silicona?

L@s quiero, a veces muy cansada, pero l@s quiero.

La Princesa Sapo.

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