MISMO TRABAJO, ¿MISMA PAGA?

MISMO TRABAJO, ¿MISMA PAGA?

Amores míos, no puedo creer que tengamos que volver a esto, y es que, sin darnos cuenta cosas que no deberían tener nada que ver, están sexualizadas y genitalizadas. El sexo es para la biología, la reproducción, y punto de partida para la sexualidad, ejercida como a cada quien nos guste y cuando nos dé la comezón, pero eso no debería afectar mi paga a fin de mes. Lo que debe influir en mi paga es si mi trabajo está bien hecho, si es lo que el cliente quería, si lo entregué a tiempo y si funciona… Lo que tenga de equipo y lo que haga con él; la manera en que me expreso, me visto y comporto; y cómo me identifico y me percibo frente al espejo son cosas importantes para mí, para los cercanos sexo afectivamente a mí, pero no para quien consume mi trabajo.

Pongámonos de acuerdo: hay cosas privadas y públicas, pero hay diferentes perspectivas de dónde inicia y termina cada ámbito. Personas que no me conocen, ni me han tratado, o a las que no les voy a caer bien nunca por más encantadora, linda y cute que yo sea, opinan que MI forma de vida es mala, pecaminosa y sucia; no quieren que estudie con ellos, que trabaje con ellos, que yo sea quien los atienda o les realice un proyecto. 

O sea, tienen el derecho a opinar lo que quieran de mí; incluso tienen derecho a decirlo (preferentemente de una manera no muy grosera, por favor), pero no tienen derecho a excluirme de la escuela si no violento el reglamento de la institución; no tienen el derecho a negarme un empleo si cumplo con los requisitos para un puesto y no tengo actas administrativas en contra; no tienen una razón real, válida o legal para impedirme dedicarme a lo que quiera, para impedirme que llegue hasta donde pueda. 

Cada quien tiene sus intereses y capacidades bien específicas y diferenciadas, ya sea ganar el Reality más de moda, llegar a la Cámara de Diputados o ser la autora del libro favorito de millones (saluditos a mi Wendy Guevara, a mis diputadas María Clemente y Salma Luévano, y a William J. Martin, que si no sabían, antes firmaba sus libros como Poppy Z. Brite, y si no lo han leído, se están perdiendo algo muy bueno).

Pero no porque algunas personas Trans han logrado grandes cosas, debemos olvidar que solo el 5% de nosotr@s, según los datos oficiales, ejercemos una profesión. Esto me hace darme cuenta de lo privilegiadota que soy. Por cada Princesa Sapo que hay por acá, alcanzando su beso de amor verdadero, hay 19 otras que siguen sufriendo por encontrar dónde las acepten, de qué trabajar donde puedan, siendo orilladas a la confección, la peluquería o el trabajo sexual (que hay muy dignas costureras, peluqueras y, sobre todo, trabajadoras sexuales, pero lo que se haga se debe hacer por gusto, no obligadas por la necesidad).

Al mundo le encanta mandar sobre cuerpos y almas ajenas, sin empatía, sin compasión, sin respeto a la dignidad de otr@s, de l@s que somos diferentes, de aquellos y aquellas a quienes considera inferiores (lo que demuestra una falta de humanidad espeluznante y una falta de amor que ha causado daños patológicos en sus almas).

Soy una Mujer Transgénero; esa es mi realidad, y si ahora estoy escribiendo cómodamente en mi estudio, porque trabajo a distancia y soy muy competente en lo que hago, eso no quita que tuve que buscar un trabajo en solitario debido al acoso laboral; no quita que me las vi negras para completar mis estudios, y que el acoso escolar me hizo capacitarme en línea antes de que eso fuera tan común como es ahora. Mi posición e ingreso actual no quitan que no me siento segura en muchos lugares, y que hay otros a los que ni siquiera podría asistir.

Y miren, México y Latinoamérica son lugares increíbles, donde aceptan a las personas altersexuales siempre y cuando les sean simpáticos, los entretengan, salgan en la tele, los hagan reír, canten precioso o sean extravagantes, porque los quieren como algo que ver a una distancia segura, pero aunque voten 20 veces para salvar a la Wendy de la eliminación, no la hubieran tratado igual si hubiera sido su compañera en la escuela. En la tele está bien, pero pregúntenle a ella o a cualquiera como nosotras si nos sentimos queridas y aceptadas en la calle, si podemos caminar seguras por todos lados.

Ya de por sí es demasiado malo que una mujer no gane lo mismo que un hombre por el mismo trabajo; ya de por sí eso es discriminatorio, pero para nosotr@s, es peor, porque una Mujer Trans es “menos” que una Mujer “Real” en la mente de quien discrimina, y un Hombre trans nunca será un Hombre “de Verdad”. 

O sea, sabemos que partimos de un sexo biológico, y que vivimos en una sociedad de binarismo sexual que nos asigna una serie de modelos y roles de acuerdo a nuestro sexo biológico aparente (aparente, porque ya he dicho mil veces que existimos aquell@s que nacemos en estados biológicos intersexuales), pero eso no quita el hecho de que es MI reverendo derecho percibirme, actuar, sentir y expresarme como me nazca y mientras no engañe ni lastime a nadie.

Básicamente, cuando alguien me discrimina, me está queriendo decir que ÉL o ELLA saben mejor que YO cómo debo ser, qué debo sentir y cómo debo comportarme. 

En todo el mundo, las mujeres han tenido que pelear, primero por educarse, luego para que les “permitieran” trabajar, después por tener el derecho de decidir sobre su sexualidad y el control de su salud reproductiva, y ahora, luchan por la igualdad salarial. En otro ámbito, pero no muy lejos, porque la lucha por la justicia es solamente una, porque la JUSTICIA es para todos o no es para nadie, la comunidad Trans, con todo y sus figuras públicas, en la política, en el entretenimiento, o en el digno y simple trabajo asalariado, seguimos peleando simplemente por qué se reconozca que existimos y tenemos derecho a existir.

No quiero ponerme triste. Mándenme un abrazo. Su amiga:

La Princesa Judith

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