NACER HOMBRE, CONVERTIRSE EN MUJER (MI PROCESO V)

NACER HOMBRE, CONVERTIRSE EN MUJER (MI PROCESO V)

Querid@s lector@s, estoy de ánimos de compartir bastantes cosas el día de hoy, y es que estar ya en cuenta regresiva para terminar la parte quirúrgica de mi transición, da tiempo de pensar en todo el camino recorrido hasta este momento. No ha sido fácil, y para much@s compañer@s ha sido todavía más duro. Al menos yo vengo de una familia con alguna solvencia económica y acceso a educación superior. Eso, al final del día, resultó de gran ayuda.

Empecemos por el principio. Los niños y niñas no tienen idea del género cuando son muy pequeños. Es obvio que los seres humanos somos seres sexuados, y que buscamos el placer en cuanto lo descubrimos. Hay quienes lo hacen muy pronto, hay quienes se tardan; depende de cada quién y no es carrera. Enfrentar a los niños a la sexualidad desde muy jóvenes, es una forma de violencia sexual, y esto es una realidad dolorosa en muchos países, y México es un caso excepcional, pero eso es tema de otro post. Afortunadamente, ese no fue mi caso.

Los recuerdos infantiles son borrosos, pero me recuerdo muy, pero muy chica, todavía antes de entrar a la primaria, observando los zapatos de mi madre, fascinada con los tacones, probándomelos, y preguntando por qué los niños no usan vestidos, porque me parecían preciosos y me parecía injusto que los hombres no pudieran usarlos. En el kinder miraba mucho a mis compañeras, a su ropa, y dice mi familia que eso les dio la impresión de que iba a ser un mujeriego por cómo me acercaba a las niñas. Lo que son la sorpresas de la vida. Yo quería jugar como ellas, vestir como ellas, ser como ellas.

Ya he contado que no soy una persona alta; y también he comentado que, en cierta medida, porque no hay consenso médico al respecto, y aunque lo hubiera, quien quiera discriminar va a dudar de cualquier cosa que le diga, mi cuerpo no produjo o metabolizó las hormonas masculinas como se supone que debía, y entre todas las hormonas que no llegaron, parece que tampoco produje suficiente hormona de crecimiento. Soy petite, delgada y lampiña, y me considero dentro del espectro intersexual.

En primaria pasé algunas experiencias difíciles, porque la convivencia con los varones es siempre una competencia, y yo no le veía el caso. Pequeño (aquí volveré a referirme a mí como del género masculino), con apariencia delicada, sin ánimos de pelear, ni competir, ni jugar con robots, pues fui excluido, o me excluí yo solo. Esto va en dos direcciones, y no puedo enojarme con esos niños que fueron cuando yo estuve entre ellos. Si yo no sabía qué pasaba conmigo, ellos menos.

Las “cosas de niños” y las “cosas de niñas”, que a la mayoría de las personas les quedan clarísimas entre los 6 y los 9 años, a mí me hacían preguntar a todo el mundo “¿por qué?” No me quedaba claro, y por ello me dijeron “tonto”, “raro”, y en cuanto el concepto entró en la mente de mis compañeros, “marica”. Sin saber lo que era el sexo, las preferencias, ni siquiera la reproducción como proceso biológico, los niños aprenden que ser diferente es malo; que no hay que acercarse a los diferentes, porque se pega; que son malos y que está bien burlarse de ellos… También aprenden a pasar de la exclusión y la burla a la agresión. Todas esas nociones son mentira, pero como todos las dicen, todos las creen. Esa es la parte más difícil de crecer en una sociedad homofóbica y transfóbica.

En la secundaria, fingí, lo hice lo más que pude. Era escuela privada, y eso no es tanto mejor que una pública, pero reduce las agresiones físicas, aunque no las verbales ni la violencia simbólica. Insisto, no hay que romantizar la violencia escolar diciendo que “forja carácter”; por cada persona al que el bullying hace más fuerte, hay decenas de personas que quedan afectadas en su autoestima por años, o de por vida. Ya para ese entonces hablé con mis padres al respecto, o más bien, ellos hablaron conmigo. Tuve la fortuna de que empezaron preguntándome cómo me sentía, qué era lo que quería, cómo me veía en el futuro. Costó mucho decirlo, porque tenía miedo de que me dejaran de querer. Fui muy afortunado, porque ese no fue el caso. Otr@s no tienen tanta suerte.

La secundaria da para un post entero, baste decir que preferí hacer la prepa semiescolarizada, mientras agarraba cursos y cursos por la libre para adquirir las competencias que me permitieran trabajar desde casa, donde podría estar más protegido, porque desde los 13 supe, me enteré, pregunté y me informé acerca de que existía algo llamado “transición”; que había personas que lograban no sólo parecer del género contrario a aquel con el que nacieron, sino que hasta habían logrado, más o menos, ser aceptados así. RuPaul podrá no gustarle a todos, y puede que sea exagerado al extremo en su presencia escénica, pero much@s le debemos mucho, y también tendrá un post para él y ella solo y sola (usa ambos pronombres, simplemente no le importa).

El espacio es poco y las cosas que se me han ocurrido para contar son miles, en un próximo post hablaré de cómo me veo a mi misma (se siente bien volver a usar el femenino), de cómo espero de mis parejas (en general y sin balconear a nadie ni estar de cacería), de los problemas cotidianos de los trans y de mil pequeños detalles que la mayoría de las personas ni se imagina, pero forman parte de nuestra experiencia diaria.

Sacando cosas del baúl de los recuerdos, su amiga:

La Princesa Sapo.

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Un comentario

  1. Arantza dice:

    Buenísimo el articulo. Reciba un cordial saludo.

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