NO SON SOLO MONITOS

NO SON SOLO MONITOS

Bien, la ley “Don’t say Gay”se aprobó en Florida, sede de uno de los parques temáticos de Disney, y la empresa ha sido, en los últimos tiempos, progresista de portada, o sea, de pura pose, porque a la hora de crear contenidos, sigue siendo tan prejuiciosa como lo ha sido desde hace mucho.

Cabe aclarar que sí existe una inclusión que puede parecer forzada, y que a las compañías que han sacado a sus personajes del closet, o han creado personajes nuevos en el contexto de los viejos que son miembros de la diversidad, a veces les ha ido bien con la medida, a veces, no tan bien.

Y es que aquí es un asunto de dinero, como todo en la industria del entretenimiento. Cuando se juega con esa cantidad de millones de dólares, todo es negociable, y las visiones del mundo representadas en los universos de ficción son de las representaciones más palpables de la moral vigente de una sociedad.

Esto va para todos lados; las creadoras de contenido son fuerzas culturales poderosas. Durante más de 30 años, por ejemplo, la fuerza cultural más potente en la animación televisiva fue la Hanna-Barbera, que rompió con tabúes televisivos uno tras otro hasta que se desinfló. Ellos fueron creadores de “Los Picapiedra”, donde se mostró por primera vez en televisión a una pareja casada dormir en la misma cama; donde se mostró un embarazo desde la noticia hasta el nacimiento de un personaje por primera vez, y donde se habló con seriedad, a través del matrimonio Mármol, de la infertilidad y de la adopción. Muy bien en su momento, pero después, algo pasó.

Principiando los 2000, la nueva camada de creaciones de los ahora llamados Estudios H&B presentaron dos villanos con atributos de diablos que eran innecesarios y llamativamente amanerados y Queers: El “Hombre Rojo sin Pantalones” de “La Vaca y el Pollito”, y “Él”, en “La Chicas Superpoderosas”; uno de los mensajes que se pueden interpretar de esta decisión es que ser Gay o Queer está relacionado con ser malo. No, no me gusta ese mensaje.

Pero Disney es una fuerza todavía más potente, que viene desde los años 20’s, y que es la empresa de creación de contenidos más grande del mundo, habiendo comprado todo lo que pudo comprar, desde Star Wars hasta Marvel. No tienen la obligación de ser didácticos; no tienen la obligación de ser empáticos con las minorías; no tienen la obligación de crear contenidos para todos o acorde a las tendencias mundiales de Derechos Humanos, pero tienen la RESPONSABILIDAD de ser cuidadosos en los mensajes que envían a nuestros hogares, y nosotros tenemos la RESPONSABILIDAD de cuidar los contenidos que entran en contacto con nuestros menores y los contenidos a los que apoyamos con su consumo.

“La Casa del Ratón” siempre ha tenido filias y fobias manifiestas; en los años 30’s, don Walt Disney tuvo afinidades preocupantes con cierto movimiento político alemán, además, el diseño de algunos de sus villanos mostraban un airecito antisemita, por no hablar de que muchos de sus productos anteriores a las grandes marchas por los derechos civiles, que culminaron con la eliminación (en papel) de la segregación racial en 1969, son realmente imprescentables el día de hoy, como “Canción del Sur”, o la secuencia de “Fantasía” donde las hermosas centauros blancas, rubias o pelirrojas, eran acicaladas por una centaurita negra, caricaturizada y estereotipada al extremo, que se notaba que, por lo menos, era su sirvienta.

Y como en todos lados se cuecen habas, hay muchos cortos de los Looney Toons que están archivados en el fondo de una bóveda, pero Warner ha sido consecuente, no negando su pasado, como lo ha hecho Disney editando y reeditando su viejo material para “no ofender”. El punto de Warner es que no hay que negar lo que ocurrió, sino afrontarlo y discutirlo con madurez, para saber lo que estaba mal antes y estaba normalizado, y evitar que esos patrones se sigan presentando. La nota antes de cada corto controvertido de la Warner es el siguiente:

Los dibujos animados que vas a ver son producto de su tiempo. Pueden exhibir algunos prejuicios étnicos y raciales que eran comunes en la sociedad estadounidense, que eran erróneos entonces y son erróneos ahora. Aunque no representan la visión actual de Warner Bros. de la sociedad, estos dibujos animados se presentan como fueron creados originariamente, porque hacerlo de otro modo sería lo mismo que afirmar que esos prejuicios nunca existieron“.

Sobre los prejuicios de Disney hay mucho que decir, sobre todo por sus actuales conflictos con Pixar sobre incluir o no personajes LGBT, o sobre cómo presentarlos, pero ahorita ya se me acabó el espacio. El tema da para mucho y es importante, porque insistimos, cualquier forma de discriminación, de cualquier tipo, permite y valida todas las demás.

Artemis Switch.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *