OTRO JUNIO MÁS…

OTRO JUNIO MÁS…

Pues bien mis amores, estoy aquí, de vuelta; esta es la tercera vez que me toca hablar de un mes del orgullo LGBT y, por ser la tercera vez, estoy sintiéndome de una manera muy extraña. 

Por una parte, es indudable que ha mejorado a nivel mundial, en muchos lugares, la situación de la comunidad LGBT, sin embargo, también es cierto que muchos lugares la situación no solamente no ha mejorado, se ha puesto peor.

El aislamiento social que produjo la pandemia, que afortunadamente ya casi hemos superado por completo, hizo necesario replantearse los temas de la socialización, de la salud mental, del aislamiento y, sobre todo, de la virulencia que se da dentro de las redes sociales. Todos y cada uno de estos temas dan para un post completo, prometo volver para desarrollarlos de uno por uno. 

Lo cierto es que la integración de todas las minorías al contexto social sigue siendo un tema pendiente, un tema urgente, un tema que no se va a resolver mágicamente de la noche a la mañana. El tema de la diversidad es muy delicado, porque la identidad propia, la autopercepción, se forma en primera de cuentas con la concordancia o discrepancia con un medio social. La identidad necesita otros para formarse, y en un ambiente sano, respetuoso y maduro, las diferencias deberían ser respetadas dentro del límite de lo que marca la ética, el desarrollo personal y los principios fundamentales de no dañar a nadie.

Sin embargo, para muchas personas, que existan identidades diferentes a lo que es la “norma”, porque es lo más común, se toma como si fuera una grave afrenta, un atentado a la “moral”, cualquier cosa que eso signifique. 

Se vale tener convicciones firmes, lo que no se vale es tener prejuicios; es completamente válido vivir bajo los preceptos de una religión, lo que está mal es imponerle esos preceptos a otras personas. Cualquier manifestación psicosexual, sociosexual, o sexoafectiva que no lastime a otro, y en la que cada participante entre con conciencia y por su propia voluntad, está bien; juzgar lo que hagan otros con su vida, con sus cuerpos, por propia voluntad, es lo que está mal. Como decía una muy querida tía mía: “hay que evitar que lo que otros se comen te haga daño a ti”.

No quiero repetirme, y después de tanto tiempo, es difícil no hacerlo. Sigo esperando la llegada de una sociedad más abierta, de unos medios más representativos, de discursos más tolerantes, de una aceptación social más plena. No todo el mundo es un área urbana de alto ingreso, con alto nivel educativo, en un país occidental, donde las preferencias ya están normalizadas. 

La mayor parte del mundo sigue siendo un lugar hostil para lo diferente, donde sigue habiendo sexismo, racismo, clasismo, y demás formas de discriminación que afecta la imagen propia y afectan la vida emocional de las personas que la reciben. El mundo no es un lugar bonito, porque el mundo no es el planeta: el mundo es la esfera social del humano y, como seres humanos, nos hace falta mucha humanidad.

Este mes da la oportunidad de que hagamos grandes celebraciones públicas; pequeñas celebraciones privadas; de que haya foros para seguir llevando adelante una agenda progresista que combata la desinformación, el miedo, la censura, y los estereotipos negativos.

También este mes da para que haya muchas manifestaciones de la más grande hipocresía de personas y empresas que de dientes para afuera se sumen a la causa por pura moda, conveniencia, o como una oportunidad para su lucimiento personal o institucional. Al final del día, cada persona sabe el medio en el que vive, y lo bueno y lo malo que hace para un@ lo que hacen los demás. Activistas de salón hay demasiados; aliados de pose hay un montón. 

Sin embargo, pese a la hipocresía que tenemos que aguantar en este mes, lo cierto es que poco a poco seguimos avanzando. Y ni modo, tendré que repetirme: hagamos lo mejor; seamos más solidarios unos con todos; demos todo el amor que podamos a todo aquel que lo acepte y mantengamos firme la esperanza de que, ya casi, ahora sí, el próximo año, el próximo mes de junio, ya no tengamos que pedir, ya no tengamos que exigir, ya no tengamos que anhelar un mundo mejor, porque ya lo habremos construido.

La Princesa Judith.

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