¿QUÉ ES EL SEXO?

¿QUÉ ES EL SEXO?

Hay que empezar desde el principio: el sexo es una estrategia de la evolución, que viene desde los primeros seres pluricelulares, que funciona recombinando las mutaciones al azar de los elementos más adaptados al medio ambiente para que las mejores mutaciones se transmitan a la siguiente generación de manera más adecuada y rápida.

            Esa definición de libro de texto es cierta, pero es fría. No tiene nada que ver con lo que hemos hecho y construido a partir del sexo, que es la sexualidad. La definición del acto de comer no abarca lo que es la gastronomía; la definición de la necesidad de proteger nuestro cuerpo con ropa no abarca lo que es la moda; el sexo es algo básico, la sexualidad es un universo.

            Lo que convierte la necesidad de reproducirnos en la industria, la forma de vida y la expresión de la personalidad que es la sexualidad es la CULTURA. Hemos hecho del tener sexo una práctica cultural que nos define y nos completa, y como toda práctica cultural, evoluciona y cambia con el tiempo. En este momento, más de una tercera parte del contenido de la red es de naturaleza sexual. El sexo consume cantidades industriales de tiempo en el mundo moderno, más que nunca antes en la historia humana, y eso es sólo por verlo o pensar en él, que no es lo mismo que practicarlo.

            La Cultura pesa, importa, condiciona, y en ocasiones impone la manera en la que ejercemos la sexualidad. El cuerpo y el disfrute de él han sido, a veces, considerados derechos y libertades, y a veces, delitos o pecados. En el mundo occidental, en las culturas de la tradición Judeo-Cristiano-Musulmana, el hecho de tener placer sin más propósito que el placer mismo, sin fines reproductivos, ha sido considerado un pecado mortal, y el sexo fuera de la institución del matrimonio (para las mujeres), causa suficiente para condenar el adulterio con la muerte o el ostracismo durante muchas épocas. Actualmente todavía existe la lapidación para las adúlteras en algunos países.

            En gran parte del mundo, el sexo no se discute; del sexo no se habla en lugares públicos; en la mayor parte del mundo se impide de manera sistemática que los menores sepan o pregunten acerca del sexo, incluso como concepto, ya no digamos como una actividad en la que hay prácticas y preferencias diversas. Este tabú el causa de muchos males: es causa de que las personas entren a la sexualidad mal informadas, de que la empiecen a experimentar con culpa, de que la manera en la que las minorías de la diversidad sexual expresen su sexualidad sea censurada, perseguida, condenada y, en casos extremos, de que sus integrantes sean agredidos y hasta asesinados en crímenes de odio por vivir la sexualidad de una manera que no debería de ser del interés ni estar bajo el escrutinio de nadie dentro de una sociedad libre, democrática, informada y respetuosa de la libertad individual.

            EL sexo es un impulso poderoso, sobre el que tenemos poco control. En términos biológicos, ejercerlo de maneras no reproductivas no es antinatural; hemos registrado conductas masturbatorias y homo eróticas en miles y cientos de especies animales, respectivamente.

            Aquí nos detenemos para hacer una precisión. Todo lo que no estemos programados para hacer sin que nos enseñen cómo hacerlo, es lo que es natural; por tanto, todo aquello que requiera de una enseñanza, y que tenga características de la tradición de la sociedad en la que hemos sido educados, es cultural, y lo que es cultural, no es natural. Casi todo lo que hacemos, bueno o malo, es debido a nuestro aprendizaje de nuestro medio cultural, y al uso que hacemos de él es nuestra responsabilidad absoluta.

            Nuestra actitud frente a la sexualidad es cultural, es aprendida, es condicionada por la cultura en la que nacimos, y de la manera en que hemos asimilado. La cultura nos dice cómo satisfacer nuestros impulsos naturales, por lo que tratar a cualquier práctica como “antinatural” no es del todo justo ni adecuado. Incluso el celibato es una opción válida si es verdaderamente voluntaria.

Aquí la medida debe ser lo que es más común y lo que es menos común, porque todo lo que sucede de manera espontánea, es natural. No importa en qué cultura se nazca, en qué época, ni qué prácticas sean consideradas adecuadas en cada sociedad, sigue habiendo dentro de ellas el mismo porcentaje de individuos con tendencia a prácticas sexuales homoeróticas, por lo tanto, la diversidad es natural. Existe lo que es más común, pero en este tema, el que una práctica sea mayoritaria no indica que sea “normal”, como lo indican los datos del Informe Kindsey, del que hablaremos largo y tendido en otra entrega.

La Princesa Sapo.