¿Qué es ser trans?

¿Qué es ser trans?

Y tú, ¿qué eres? Es tan cansado responder esa pregunta, que ya prefiero no hacerlo, aunque esta vez, aquí, con ustedes, lo haré, aunque sé que no será la última vez.

Son todavía un hombre, civilmente; soy alguien que estuvo, desde su niñez, consciente de que no encajaba en la identidad de ser un niño; soy una persona que descubrió en la adolescencia que estaba en un estado intersexual; soy una persona que, identificado socialmente como un hombre, tenía y tiene como objeto de atracción psicosexual y afectiva a hombres; soy una persona que empezó, en cuanto pudo, a tener actividades, actitudes y expresiones asociadas socialmente con lo femenino; soy una persona que inició hace años su proceso para la cirugía de reasignación de sexo; soy un sapo que se convertirá en Princesa.

Dentro de mi mente, siempre he sido una mujer; bueno, primero una niña, después una muchacha, ahora una mujer. No ha sido fácil, y aún así, la he tenido más fácil que muchas compañeras. México es el país no islámico con mayor cantidad de crímenes y ataques a las personas trans en el mundo. No ha sido fácil mi proceso, pero muchas la han tenido peor.

Qué soy: una mujer trans. Una vez más, una mujer trans es una persona que estuvo, en el principio de su vida, identificado social, legal y familiarmente como un hombre, y que, por haber estado en algún grado de hermafroditismo, intersexualidad o dismorfia de género, toma todos los pasos necesarios para convertirse, quirúrgica y hormonalmente, en una mujer, con los obvios impedimentos de no poder producir por su cuenta todas las hormonas femeninas; de que si bien pudo tener sus genitales reconstruidos para poseer una vagina, no cuenta con lubricación natural, y que, por supuesto, no podrá tener un útero gestante, ni mucho menos ovarios que ovulen.

Sí, una mujer trans no menstrua, no ovula, no se embaraza, no lacta, pero siente, vive y se comporta como una mujer. Y podemos discutir de aquí hasta el fin de mundo si eso es válido, y desde el principio de los tiempos hasta el día de hoy, y casi con seguridad, el de mañana, habrá personas que digan que eso no es válido. No me importan esas personas; yo así elijo vivir, y si encuentro suficientes personas que me amen y me acepten no necesitaré más.

El problema es que esas personas que no pueden aceptar otras formas de vida nos dificultan muchas cosas. Que nuestras uniones civiles (matrimonios) no sean reconocidas; que nuestro género reconocido por el Estado (identidad y nombre legal) no puedan ser cambiados según nuestro proceso; que no tengamos igual acceso a educación y trabajo, no porque sea ilegal que entremos a la escuela o empresa que queramos, sino porque esas empresas y escuelas no pueden “garantizar nuestra seguridad” y nos “inviten” a buscar “otras opciones”.

Lo peor de todo es que opinan que nuestras familias no son familias.

Esto es muy doloroso de contar, pero es necesario. Quiero dejar muy en claro que no me arrepiento de nada. Que no voy a pedir ni perdón ni permiso para ser lo que soy, y que no me voy a detener. Ojalá el día de mañana, la que sigue, la tenga un poco más fácil por todas las que estuvimos detrás. Ojalá la cadena de pequeñas victorias se haga tan larga que, en algunos años, esto no sea un problema nunca más; las familias sean aceptadas de igual manera no importa cómo se hayan formado; que la identidad y expresión de género no tengan que ser garantizados ni protegidos por la ley, porque serán algo tan natural como respirar.

Los amo, pero tengo que detenerme ahora. Estoy llorando.

Los ama: La Princesa Sapo.

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