QUEDAR EXPUESTO, OTRA VEZ LAS REDES

QUEDAR EXPUESTO, OTRA VEZ LAS REDES

Amores míos (si se toman el tiempo de leerme, los amo, no importa si están de acuerdo conmigo o no), esta vez voy a escribir de una circunstancia muy dura que no existía en la prehistoria LGBT (aunque hemos dicho hasta el cansancio que siempre hemos estado aquí, y en todos lados desde tiempos inmemoriales, consideramos prehistoria LGBT todo el tiempo en que fuimos escondidos debajo de la alfombra y nuestro más simple derecho, el de vivir sin ser automáticamente agredidos, ridiculizados a pasados por la Inquisición o similares). El acoso cibernético.

Sí, el ciberbullying es casi lo más feo que nos ha traído la era digital, y lo padece mucha gente alrededor del mundo, LGBT o no, y causa daños gravísimos, y ha sido causa de suicidios infantiles y adolescentes. Es una responsabilidad social que empieza no desde las plataformas, que por cierto, no atienden esa responsabilidad como es debido, sino desde el acceso que tienen a las redes desde temprana edad tanto los agresores como los agredidos. Si me quieren hacer caso en algo de todo lo que he dicho en este espacio,háganme caso en esto: Niños y niñas no deben tener acceso a redes antes de los 15.

Las redes son reflejo de toda la intolerancia, ignorancia, agresividad y odio que hay en la sociedad, pero estas cosas en las redes se potencian, se convierten en discursos de odio y de desinformación que se comparten millones de veces con la facilidad de dar un teclazo. 

Un discurso intolerante, que en la prehistoria digital no hubiera pasado de una reunión en un sótano de veinte gatos, alcanza millones de reproducciones y llega a los cinco continentes. Internet es fabulosa y ha hecho y va a hacer mucho por el mundo, pero como cualquier cosa que hacemos los humanos, no es segura, no es inocente, no está exenta de la posibilidad muy real de causar daño.

Uno de los puntos que a muchos no “les gusta” de las relaciones LGBT (y aquí hay que hacer hincapié que el hecho de que “no te guste” lo que otro haga con su vida y su cuerpo es sudar calenturas ajenas), es que tienen “libertad sin responsabilidad”. Herman@s querid@s, eso es envidia, y además está incompleto. Cierto, la mayor parte del sexo LGBTTTIQ+ (los asexuales no juegan), es No Reproductivo, y antes del virus del SIDA, la máxima consecuencia de una noche activa se curaba con una inyección, pero eso no significa que no haya responsabilidad emocional, responsabilidad afectiva, o que todo lo que tenga que ver con la diversidad pase por la cama (aquí los asexuales sí juegan).

Pues en las redes pasa eso mismo, quieren libertad de expresión sin responsabilidad de información. Quieren el derecho a decir lo que se les ocurra sin considerar a otras personas u otros estilos de vida lícitos y honestos; quieren agredir a grupos enteros o a personas en particular sin entenderlas, propagando prejuicios, difamando, inventando, exagerando, MINTIENDO y que esas acciones no tengan consecuencias para ellos, a pesar de todo el daño que pueden causar.

Soy extremadamente cuidadosa con mis redes, tanto, que jamás las he compartido no las compartiré en este medio. “La burra no era arisca”, decía mi tía Lupita. Bastante hate me llevé en mi tiempo, y las frases, por muy entera que esté una, y por muy poca importancia que se les de a quienes agreden por deporte,pegan, resuenan, causan pesadillas, duelen.

“Eres un estorbo”, “No serás una mujer nunca”, “Dios te va a castigar”, “¿Por qué no te suicidas?”, “Por más que te arregles, no eres más que un pin%&/ J$#(to”. Hasta la fecha, recuerdo cada pinche insulto, y no puse los más gruesos, los más gráficos, específicos, que demuestran un grado enfermizo de obsesión por la sexualidad de otro.

En mi tiempo, las agresiones me llegaban por Tweeter; por más que bloqueaba gente, se las ingeniaban para etiquetarme. Es serio, lo de obsesión enfermiza no es exageración. El nivel de esfuerzo y atención de los agresores no puede ser más que odio fanático. 

O sea, ¿está bien que una persona como yo reciba 36 mensajes de odio, deseos de condenación, amenazas de muerte e invitaciones al suicidio al día, pero es un escándalo un beso de piquito de dos mujeres en una película animada? Pensemos en los otros y veamos las cosas en su justa proporción, Esto no es un juego.

El odio mata.

Me despido, me voy a mi jardincito a llenarme de amor… Esto fue duro, pero los amo.

Su amiga: La Princesa Judith.

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