EL MALO DE LA HISTORIA

EL MALO DE LA HISTORIA

Bien, queridos lectores, la polémica se volvió a encender con J. K. Rowling y dudo mucho que desde mi cama, mientras me recupero de la operación que tendré próximamente, le pueda dar seguimiento, pero esta polémica me ha recordado muchas otras anteriores, y es que esto es un asunto de nunca acabar, o lo será mientras no haya un cambio verdadero en la manera en la que entendemos, abordamos y representamos la diversidad, la identidad y los géneros.

Sí, en el más reciente libro de Rowling (que es de una serie en nada relacionada con mi joven mago favorito), hay un asesino serial que se trasviste. No, no he leído el libro todavía. No, no está en mis planes inmediatos leerlo (tengo un altero de libros esperándome en mi buró en lo que me recupero, a ver si ahora sí termino Moby Dick). Sí, sí creo que la editorial o la autora puedan capitalizar el escándalo para elevar ventas, y por eso, leeré el libro en un futuro, si el libro sobrepasa la prueba del añejo y no se desinfla como un producto que, sin el escándalo, nadie hubiera volteado a ver.

Tuve que desempolvar recuerdos y consultar Wikipedia, pero la primera obra de ficción de la que tuve noticias con un tema similar fue Dress to kill, película de Brian DePalma, de 1980, así que cuarenta años después, no hay spoiler que valga: Un psiquiatra es al mismo tiempo un paciente con personalidad disociativa que mata mujeres por las que siente atracción sexual vestido como mujer.

Por supuesto, DePalma es alumno de Hitchcock, quien en una de sus obras maestras, Psicosis, basada en la novela de Robert Bloch, basada en los casos reales de asesinos seriales (Ed Gain, en particular, según recuerdo), presenta a Norman Bates, un tímido, reservado y reprimido taxidermista y dueño de motel que, con personalidad dividida, y con una personalidad alterna creada en representación de su abusiva y controladora ya fallecida madre, mata a las mujeres que lo excitan vestido como Norma Bates.

Y si nos vamos a Silencio de los inocentes (prefiero el título original de El silencio de los corderos), tenemos al paciente psiquiátrico, a medio camino en su transformación transexual, el asesino serial de mujeres  Buffalo Bill, diagnosticado y malaconsejado por el psiquiatra psicópata favorito de muchos (y mío también), Hannibal Lecter.

Esto no es casualidad, la idea detrás de estos cineastas y novelistas es causar impacto, asegurar el shock, y para ello, uno de los elementos más desconcertantes para el gran público, es la posibilidad de más de una mente en un solo cuerpo; más de una sola identidad sexual; la presencia de órganos de distinto sexo en el mismo cuerpo.

Sí, vale, una vez está bien; bueno, dos veces puede ser homenaje, referencia o plagio, pero tres, cuatro, cinco veces. No, ahí ya no es casualidad, o es una campaña de desinformación, o es la representación maliciosa de un estereotipo falso, hecho ya sea por cuestiones de ideología, o por mucha pinche pereza por parte de los escritores.

Las personas somos simples… Lo que es distinto nos produce miedo, inquietud, desborda nuestras más siniestras fantasías. Hace siglos, la gente esperaba siempre lo peor de los distintos, los indígenas, aborígenes, afrodescendientes; sobre las personas homosexuales siempre ha habido prejuicios maliciosos, sobre todo el de que necesariamente tienen conductas predadoras o pederastas, cosa que es mentira. El prejuicio detrás de todas estas obras de FICCIÓN, es el de que quien es capaz de transformar su cuerpo y su identidad, debe ser capaz de cualquier terrible cosa.

Miren, es cine, son series, son libros. Les damos más poder del que de verdad tienen, pero de verdad, la reproducción de estereotipos negativos, falsos, con malas intenciones, tiene consecuencias, genera rechazos, da pretexto a agresiones. Los que vivimos desde la diversidad lo hemos sabido siempre… Las palabras sí te pueden matar.

Rowling es la punta del iceberg, no es una enemiga puntual, sino alguien que se metió en una polémica por falta de información y de sensibilidad, y que después ella, o sus editores, han aprovechado ese montón de reflectores para generar ganancias del río revuelto. Yo no estoy a favor de cancelar a nadie, sino de educarlos a todos y a todas; de utilizar esos mismos reflectores para sacar cifras, datos y testimonios verdaderos y generar consciencia, comunicación y entendimiento. Estas batallas se van a ganar a punta de librazos, y desinflando los escándalos hechos a medida de la promoción de productos, o sea, desinflándoles el bolsillo.

En fin, hay que construir narrativas donde las personas Trans no seamos representadas como enfermos mentales proclives a la violencia y al asesinato; hay que tomar el control sobre lo que se dice de nosotr@s. Hay que educar, convencer, informar.

Hoy, esperando que la frase “Vestida para matar” vuelva a significar que me veo muy linda, guapa y sexy, su amiga:

La Princesa Sapo.

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