SAMANTHA FLORES

SAMANTHA FLORES

Hola, hoy quiero celebrar que la comunidad Trans es más visible que nunca en la sociedad global, que hay ejemplos de personas valiosas, valientes y amorosas que intentan hacer del mundo un lugar mejor.

Es una realidad que para que el mundo te escuche, tienes que gritar alto, tienes que salir en la foto, tienes que hacer mucho ruido, y que luego te echen en cara que “nomás quieres llamar la atención”. Amigos, amigas, a los calladitos, ni Dios los oye.

Y aunque las noticias de fin de año van en ese sentido, como por ejemplo el hecho de que Playboy México tuvo en su edición de noviembre-diciembre en portada a su primera mujer Trans, Victoria Volkova (en otro momento le dedicaré espacio específicamente a las y los modelos Trans); o la declaración de identidad Trans de Elliot Page (sí, ya me corrigieron varios de ustedes que se escribe con “ll”), pero no, de lo que quiero hablar para cerrar el año es de los Trans que se la aventaron más duro, desde el principio de la lucha por los derechos LGBT antes de que tuvieran ese nombre; quiero hablar de una veterana, de una institución en la comunidad; quiero hablar de Samantha Flores.

1932 parece que fue hace muchísimo tiempo; la Segunda Guerra ni siquiera había empezado, pero sigue habiendo personas nacidas en ese año haciendo cosas, recordando, enseñando y compartiendo. En ese año nació un niño, al que llamaron Vicente, que después de mucha historia, ahora es Samantha Flores.

Eran otros tiempos, y un pueblito de Veracruz, con “sólo una iglesia y sólo una cantina”, no era el lugar para quien después se convirtió en un pilar del activismo Pro Derechos Humano (hay que decirlo, Samantha ha luchado por todos, Gays, Lesbianas, Transexuales, Adultos Mayores, Mujeres Violentadas, Niños, todos). 

Se graduó en la Escuela Bancaria y Comercial, pero ahí no estaba su vida; trabajó en una empresa cervecera, y tampoco; destacó en la industria hotelera, donde “no pasaba del mostrador”, a pesar de su don de gentes y su atención a la calidad y al servicio. Las oportunidades son calvas y hay que agarrarlas por los cabellos. La escena clandestina LGBT fue donde se sintió cómoda, y tanto la escena como ella salieron poco a poco, pero con fuerza, hacia el mundo exterior.

Conoció actores, productores, cantantes; se destacó haciendo relaciones públicas, organizando eventos; la escena ochentera la acogió en su identidad Trans, pero fue la pandemia del SIDA lo que la hizo organizar eventos, recaudaciones, llevar atención a los más necesitados. Su labor altruista y filantrópica inició ahí, y no se ha detenido desde entonces.

“Ayudé a Morris Gilbert, director de teatro, me habló para que hiciera colecta por las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez en los Monólogos de la Vagina. Los diez años que duró esta obra en escena hice una colecta para Casa Amiga de Ciudad Juárez por petición de Morris, quien me conoció antes de Samantha y siempre me aceptó maravillosamente. Después hice una colecta para los niños con VIH de Ser Humano en los demás teatros de Morris. Al hacer las colectas para Ser Humano, fue cuando cambió mi visión del mundo y me di cuenta de la necesidad que había de ayudar a la gente, ya habíamos pasado la pandemia del VIH y veía a los niños enfermos en ese albergue, del cual sigo siendo voluntaria”. (Entrevista con Vogue completa en https://www.vogue.mx/estilo-de-vida/articulo/samantha-flores-activista-transexual 

Actualmente, está recaudando fondos para abrir casa para Adultos Mayores, sigue activa y sigue siendo un gran ejemplo. Es una guerrera veterana que aún no suelta el arma más poderosa del mundo, el AMOR. La compasión es su escudo y, aunque ya ha hecho tanto y se merece descansar, no suelta la lucha, y por ello se merece todos los homenajes que le podamos dar, y muchos más.

Esto no es algo nuevo. Esta generación no está inventando nada, sino que está cosechando lo que personas admirables empezaron a sembrar cuando el ser distinto era mucho más peligroso. El mundo sigue sin ser un lugar seguro para los diferentes, pero sería una selva oscura por la que andaríamos desnudos y perdidos sin la labor de personas como Samantha.

Les dejo el enlace a otra muy interesante entrevista que le hicieron en la revista 192 (https://revista192.com/samantha-flores/), Samantha conoció los insultos, las agresiones, la discriminación; Samantha vivió en un mundo de simulaciones, de rechazo y de miedo; Samantha se forjó en los tiempos en que la regla era la extorsión a la comunidad LGBT (eso no ha terminado, pero vamos avanzando), y a pesar de todo ello, es una persona alegre, amable, amorosa y optimista, profundamente interesada en aliviar el sufrimiento humano.

Que una persona sea capaz de dar tanto viniendo de tiempos tan oscuros, no puede más que restaurar mi fe en la humanidad. Termino esta brevísima e incompleta semblanza con una frase suya, que es tan simple y evidente como el amor que todavía nos negamos a profesarnos unos a otros por miedo, odio e ignorancia. 

“No importa quién sea o qué preferencia tenga, uno tiene que dar amor y cariño a la gente porque todos somos seres humanos”. 

Le mando un abrazo, Señorona Samantha.

Artemis Switch.

Tags: , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *