Visibilidad Trans

Visibilidad Trans

Hace poco tiempo, se publicó la nota de que algunos miembros de colectivos Trans le dieron una lectura propia a la hermosa película “El Hombre Bicentenario”, basada en un libro de Issac Asimov y protagonizada por Robin Williams. Y la verdad, hasta su servidora se asombró.

Amo esa película, pero ligarla con la causa Trans no es la primera lectura que le haría. Sin embargo, en esta película, el androide Andrew pasa de ser percibido como un objeto asexuado a ser un sujeto sexuado; de ser una propiedad a ser reconocido como una persona capaz de ejercer derechos y de luchar por alcanzar lo que él consideraba su felicidad. Sin duda, eso es algo con lo que la comunidad Trans, una de las menos visibilizada dentro de la diversidad, se puede identificar.

Hace algunos post me quejaba de que no existieron buenas representaciones de la diversidad en los medios de comunicación en la época en la que crecí (y eso que soy milenial); pero todo es cosa de buscarle, y a riesgo de parecerle a mis amigos y lectores bugas que estoy buscando significados ocultos donde no las hay, les voy a compartir un hallazgo que me parece interesante.

La novela infantil “La maravillosa tierra de Oz”, segunda parte de las catorce novelas de la saga de “El Mago de Oz”, contiene un personaje transgénero; la legítima heredera al trono de Oz había sido ocultada por una bruja de tal manera en que nunca la encontraran: la convirtió en niño mientras aún era un bebé. En el momento en que se sabe la verdad, el muchacho ya era un adolescente, y tiene que elegir convertirse en mujer para recuperar el trono… Con perdón, el planteamiento del problema es muy progresista para una novela del año 1904.

La saga es maravillosa, porque está plagada de personajes que se esfuerzan por superar sus limitaciones y convertirse en lo que quieren ser; el cobarde en valiente; el insensible en capaz de amar; el autómata en algo más que una herramienta; incluso, en una tercera parte, una modesta gallina es el héroe de la historia, y siendo femenina, empieza el libro con un nombre masculino.

Sí, seguramente me dirán que estoy leyendo libros que no tenían esa intención desde mi propia perspectiva. Que estoy haciendo trampa. Y quizá sí, pero quiero que entiendan lo que significa para nosotr@s encontrar alguna representación o algo con qué identificarnos en el desierto de una cultura de medios acostumbrada a invisibilizarnos o a ridiculizarnos.

Hay muchos memes haciendo hincapié en la enorme cantidad de ocasiones en las que Bugs Bunny se transvistió, pero eso no cuenta tanto como otras representaciones, porque fue hecho con fines de farsa y de comedia: era gracioso porque era un engaño, porque no era real. Pero incluso así, podemos darle una lectura de que el conejo estaba tan seguro de su sexualidad que vestirse como lo requiriera no le despeinaba un pelo, algo que los ofendidos por un revolucionario en tacones no pueden concebir.

El punto es que hace falta que los medios encuentren maneras de representar lo que pasa verdaderamente en la sociedad. Me podrán decir que eso es innecesario, porque los medios transmiten lo que las casas productoras deciden que se puede vender; que son medios privados y que el que paga manda; que si queremos productos a nuestro gusto, debemos producirlos nosotros mismos, los miembros de la comunidad. Todo eso es cierto, pero también es cierto que existen problemas de percepción y de autopercepción graves en el hecho de que lo que se ve en medios se confunde con la realidad real. 

Fuera de México, el cine de la Era de Oro hizo que el mundo pensara que aquí todos íbamos (y vamos todavía) a caballo y con pistola al cinto; actualmente, por la cultura de medios, muchos perciben al país como si sólo existiera la cultura del narco. Si todos somos parte de la realidad, todos debemos ser representados de manera justa y digna, y de eso irá también mi siguiente post.

Los ama La Princesa Sapo, Princesa de Oz.

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